Sardinas asadas con limón y guindilla

Por: Mikel López Iturriaga

Sardinas con limon y guindilla
Los ojos no se comen necesariamente. / AINHOA GOMÀ

Las sardinas son una de las bendiciones del verano. Primero porque están en temporada, y segundo, porque la estación permite hacerlas al aire libre. Estos pequeños pescaditos azules son deliciosos, pero tienen una capacidad para apestar todo recinto en el que se cocinen que ni la salida de humos de una churrería.

A mí las sardinas me gustan asadas sin más: si están bien frescas, no hay mucho más que añadirles aparte de aceite y sal. Sin embargo, también es de agradecer contar con algún aliño diferente para no caer en la monotonía sardinera. El que propongo aquí no puede ser más sencillo, y se compone de elementos clásicos de acompañamiento para el pescado en mi tierra, Euskadi: guindillas rojas, ajo, perejil y limón. Creo que el picante y el ácido van muy bien para cortar la untuosidad grasa del pez, sin cargarse su sabor a mar.

El secreto para que quede realmente bien es dejar madurar un buen rato el aceite con la guindilla y el ajo, para que coja sabor. El perejil, por el contrario, es mejor añadirlo en el último momento, porque si no coge un color apagado no demasiado bonito. Algo similar ocurre con el limón: para que brille, mejor al final. Por lo demás, la receta es más simple que un filete a la plancha.

Dificultad

Para subcortimers.

Ingredientes

Para 4 personas

  • 1 kg de sardinas

  • 2 dientes de ajo

  • 1 guindilla roja grande o 4 pequeñas

  • 1 manojo de perejil

  • 1 limón

  • Aceite de oliva virgen extra

  • Sal

Preparación

1. Picar las guindillas y los ajos en trozos no demasiado pequeños para que se puedan retirar. Mezclarlos con unas 10 cucharadas de aceite y dejar madurando un mínimo de media hora.

2. Antes de que se vayan a tomar las sardinas, picar fino perejil abundante y añadirlo al aceite junto al zumo del limón y sal. Remover bien, aplastando un poco el ajo y la guindilla para que suelten aún más sabor. Probar y corregir de sal.

3. Asar las sardinas y servirlas con el aliño por encima o en una salsera aparte para que cada uno se ponga lo que quiera.

Fuente: http://blogs.elpais.com/el-comidista

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