Por qué un hombre no debe casarse con una mujer mayor que él

Por: Juan Arias

Un “hombre de Dios”, no debería casarse con una mujer mayor que él, ni tampoco con una de otra raza”. Es el consejo que el Obispo evangélico y empresario Edir Macedo acaba de dar a sus ocho millones de fieles, desparramados por 170 países, en un polémico artículo, publicado en el site Arca Universal.

Edir-macedo
Macedo, escritor y cantor gospel, con cientos de miles de libros y discos vendidos, empresario millonario y dueño de emisoras de televisión, es el fundador en Brasil de la poderosa Iglesia Universal del Reino de Dios.

Según Macedo un joven que “desea hacer obra de Dios”, no debe casarse, salvo raras excepciones, con una chica mayor que él.

¿Cómo lo justifica? Así:

“Hemos visto que cuando una mujer tiene una edad mayor que su marido, ella, que por naturaleza tiene ya el instinto de ser mandona, acaba colocándose en el lugar de la madre del marido”,

Pero hay más:

“Y lo peor no esto. La mujer normalmente envejece antes que el hombre, y cuando llega a la media edad, el marido se siente maduro, pero no tan envejecido como ella. Y la experiencia demuestra que es mucho más difícil para un hombre, aunque no imposible, mantener la fidelidad conyugal”.

En estos casos en los que la mujer es mayor que el hombre, “mejor no casarse”, dice el obispo evangélico porque:

“Debemos creer que Dios tiene reservado para cada siervo una sierva, de acuerdo con sus aspiraciones, que a su vez van de acuerdo con las aspiraciones de ella”, explica.

El obispo admite sólo una excepción en el matrimonio de un chico más joven que su novia. Es esta:

“Cuando el joven es suficientemente maduro y con experiencia de vida para no dejarse influenciar por ella”.

Y aún en estos casos de excepción, la diferencia de edad “no debe superar los dos años”, según él.

Y si un joven evangélico no debe casarse con una mujer de mayor edad que él, tampoco debería hacerlo con una de “otra raza”, por ejemplo con una negra.

El obispo puntualiza que Dios no impide esta unión de razas diferentes, pero que su Iglesia la desaconseja por los siguientes motivos:

“Por los problemas de discriminación que sus hijos podrán enfrentar en las escuelas en las sociedades racistas de este mundo loco. Es necesario que la pareja sea consciente de los riesgos, traumas y complejos que los niños podrán sufrir, primero en la escuela y después durante toda la vida”.

Macedo recuerda a sus súbditos de la Iglesia Universal, que “infelizmente no en todos los países existe la tolerancia de Brasil en los matrimonios entre razas diferentes” y como podrán un día ir a trabajar en países menos tolerantes, lo mejor es que se casen siempre con una blanca.

Lo que no explica el obispo es qué deberá hacer, por ejemplo, un joven evangélico negro. ¿Deberá casarse con una negra o podrá hacerlo con una blanca?

El obispo Macedo posee una biografía particular. Nacido en el seno de una familia católica practicante, pasó a frecuentar los terreiros de Ubanda, la religión de origen africana, dejando el catolicismo de sus padres. Desilusionado también allí, pasó a frecuentar a la Iglesia Evangélica, de la que acabó fundando una nueva rama.

En polémica con las otras iglesias evangélicas, el obispo Macedo es al mismo tiempo un acérrimo defensor del aborto y propugna la “teología de la prosperidad”. Sus fieles tienen que dar a la Iglesia el diezmo de lo que ganan.

Que expliquen el personaje los expertos en descifrar enigmas.

Reo en varios procesos judiciales por blanqueo de dinero, falsedad en documentos públicos y entrada de material fraudulento para las televisiones de su propiedad, el obispo siempre acabó absuelto, dadas las influencias políticas de las que goza al ser depositario de millones de votos en las urnas.

A pesar de todo, los evangélicos, con sus ya 40 millones de fieles, siguen avanzando en Brasil comiendo cada año terreno a los católicos que hace 30 años eran el 97% de la población y hoy en algunas ciudades como Rio, ya son minoría.

Iglesia de la prosperidad

El obispo Macedo predica la “Teología de la prosperidad”

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