La sombra del tiempo

La sombra del tiempo

Encapotado, así lleva el cielo toda la tarde, entre azul y buenas noches amenazando con tormenta aunque el viento apenas levanta la Union Flag,bien amarrada a Jack, su viejo mástil de guerra, el madero de los siete mares. Es domingo 5 de agosto año 2012, son las diez de la noche y nada se mueve, ni en este estadio, ni en toda la galaxia. Atención seres de otros planetas, si nos observan, tomen nota: Usain Bolt, Yohan Blake, Asafa Powell, Justin Gatlin y Tyson Gay en posición de salida. La final de los 100 metros planos en los Juegos Olímpicos va a durar menos de 10 segundos. Diez segundos cada cuatro años, como esperar al cometa. Londres tiene aquí su momento Spielberg & Lucas, si la humanidad piensa defenderse de los extraterrestres, nuestros mejores hombres están en la pista. Pero algo anda mal en el carril central por donde suele correr la velocidad de la luz. Bolt (9.58),el hombre de apellido altovoltaico perdió la chispa. Sus primeros 40 metros son tan pesados como un sindicato de electricistas, nunca fue el más rápido en ese tramo, arranca como las fieras, lomo al frente, pezuñas en tierra y ojos finos. Después libera los cuartos traseros y su zancada es tan larga como un relámpago, sin embargo, no está llegando con argumentos a esa zona del estadio, donde es brutal. Bolt está desconectado, hace unos días Blake, su compañero de entrenamiento, lo cazó en Jamaica, un 9.75 puso fuera de combate al hombre más rápido del género humano. La sombra del tiempo se llama Yohan Blake, moreno espeluznante, corredor voraz. El único ser vivo sobre la tierra capaz de detener al fenómeno que cambió el clima de los Juegos Olímpicos hace cuatro años. Londres tendrá su noche, la noche más breve del mundo.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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