La selección natural

La selección natural

A partir de hoy todo es fuego, aire, agua y tierra, tratamos de dominar los elementos. Esto es lo que sucede en unos Juegos Olímpicos, el género humano vuelve a su espacio vital. En cualquier caso cada atleta es sobreviviente, lucha contra la especie y evoluciona. Michael Phelps y Usain Bolt son el ejemplo más Darwinista que tenemos, uno respira bajo el agua y el otro, vuela. Fueron elegidos por selección natural, no nacional. Branquias, aletas y alas en seres de dos piernas. Todo un espectáculo para los naturalistas, en eso nos convertimos los aficionados al deporte durante 15 días, en observadores de nosotros mismos. A partir de ellos dos descienden todos, por eso se dice que los Juegos Olímpicos son la gran fiesta de la humanidad. Aunque tras la inauguración, el único rito planetario que nos queda, volvamos a dividirnos en clanes y entonces apoyemos al deportista que lleva puesto nuestro uniforme. Qué importa, en el fondo aquí no venimos a admirar la raza, sino la especie. Londres 2012 llega también en un momento muy inoportuno como sociedad, más dependiente que nunca de la economía. Hay tormenta incluso sobre el imperial Támesis, las corrientes del euro amenazan con apagar la llama que enciende todo esto, al grado de catalogar al deporte y sus emociones como artículos sujetos de IVA. La ventaja es que el olimpismo, su espíritu y sensaciones, siguen siendo bienes intangibles. ¿Qué banco se atreve a hipotecarlos? Y aunque la economista y el publicista aseguren que existen bienes sustitutos, aquí todavía quedan valores incomparables. Solo durarán unos días. Con perdón de la UE, el BCE y el FMI, Michael Phelps y Usain Bolt representantes del COI, serán hasta el 12 de agosto los líderes de nuestro planeta.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo/mileniodiario

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