La perniciosa cultura de la protesta infundada

La perniciosa cultura de la protesta infundada

Me llama mucho la atención esa incapacidad para actualizarnos que tenemos hoy día los ciudadanos de México. En mis tiempos, lo repito por enésima vez, el régimen era, en efecto, autoritario, corporativista y tramposo. No solo era eso, desde luego, aunque los críticos del priismo quieran reducirlo todo a tres o cuatro dictámenes obligadamente negativos y no quieran admitir que este país, durante décadas enteras, se benefició de avanzadas políticas sociales y de una estabilidad debida, precisamente, a la hegemonía del sistema. Además, ese autoritarismo jamás alcanzó los terroríficos niveles de violencia y represión que practicaron las dictaduras militares de Argentina, Uruguay y Chile. Es un hecho, sin embargo, que el antiguo régimen no era precisamente un paradigma de democracia.

Y, miren ustedes, llegó un buen día en que un presidente priista reconoció serenamente que laoposición había ganado las elecciones; la toma de posesión de Vicente Fox ocurrió sin mayores sobresaltos y Ernesto Zedillo se fue tan tranquilo a casa. A partir de ese momento, no se puede ya hablar, creo yo, en los mismos términos de antes y no se puede cuestionar tampoco la legitimidad de nuestro sistema electoral por más que la democracia mexicana siga teniendo serios problemas de representación y rendición de cuentas.

Ah, pero entonces ¿cómo es que seguimos con las mismas cantilenas? ¿Por qué hablamos de “imposiciones” y por qué nos movilizamos -teniendo, además, garantizados todos los derechos de protesta y aseguradas todas las libertades (hasta la de cerrar las avenidas de las ciudades siendo que, por ejemplo, en los países con las más añejas tradiciones liberales y las democracias más consolidadas la fuerza pública interviene de inmediato si ocurre un “bloqueo”)- para “denunciar” prácticas que ya no ocurren y para exigir prerrogativas que ya nos han sido otorgadas?

Hay decenas de razones para salir a protestar a las calles en este país, señoras y señores. Pero no son ésas, las que esgrimen aquellos que no van a “dejar que Peña llegue a Los Pinos”, sinootras: la escandalosa inseguridad jurídica, la corrupción, el dominio de los grupos corporativos, etcétera, etcétera. ¿No podríamos ponernos al día?

Román Revueltas Retes

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