Epifanía

Epifanía
Pintura de Magnolia Rivera

Ayer tuve una epifanía: hasta ahora, toda tu filosofía de vida no te ha conducido a nada. Dura, ¿cierto? Lo peor es que resulta cierta. Sirve de atenuante que no soy un tipo materialista y que podría vivir mi vida sólo con lo absolutamente necesario, nada más. Sin embargo están las responsabilidades y el hecho de no estar solo en este mundo. Tienes familia, y si le sumas la sospecha de amar a una mujer estás jodido, pues ya no estás solo. La piensas dos veces antes de lanzarte a un bar y tentar a la suerte para ver si la vida te guiña un ojo y terminas en la cama con alguien, pues la familia te la hace de pedo y la mujer te mata y te deja si se entera. Cuando se está solo no hay mayor problema. Si te lleva la chingada es un hecho práctico, simple. Tú, aunque suene irreal, eres el menos perjudicado. La muerte y la desgracia, sobre todo la más inmensa, es un hecho que daña a los seres que te aman más que ti mismo. Recuerdo a Fadanelli vivamente a través de una de sus reflexiones: Un hombre tiene hasta cierto punto derecho a destruirse, pero no a dañar a quienes confían en él. No se puede vivir al margen de eso, o por lo menos no a medias; o lo cumples o no.

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