El Armagedón estadunidense y el destino del nuevo gobierno

El Armagedón estadunidense y el destino del nuevo gobierno

Más valdría que nuestros políticos se sentaran pronto a discutir qué viene para los próximos seis años… Ok, no. Eso es pedir demasiado. Al menos para el siguiente, que puede estar muy complicado.

Si de aquí a fin de año no se ponen la pila, el país estaría apostando a que los americanos serán capaces de evitar lo que hoy en día se anuncia como su Armagedón Fiscal.

Déjeme le hago un resumen.

55 días después de la elección, en el primer día de enero del próximo año, todos los americanos, todos, pagarán más impuestos. Las tasas se elevarán a niveles del año 2000. Algunos cálculos ponen el aumento de impuestos hasta en 4 mil dólares anuales por familia. La tasa del impuesto de nómina para los empleadores subirá en dos puntos. El seguro de desempleo para 3 millones de estadunidenses dejará de pagarse en ese enero. Los recortes presupuestales del gobierno federal llegarán al trillón de dólares. Solo el Pentágono recortará 55 mil millones de dólares anuales. Algunos programas de salud para los adultos mayores y los pobres tendrán recortes hasta de una tercera parte.

Esos recortes, junto con el alza en impuestos, son similares en impacto a una contracción económica de tres puntos del PIB. La posibilidad de una recesión es altísima.

Por si esto fuera poco, un par de meses más tarde, el gobierno estadunidense habrá alcanzado el límite de su capacidad de endeudamiento, fijado por el Congreso. De no modificarse, el gobierno federal no podrá pagar sus cuentas.

En Estados Unidos le están llamando a esto el Armagedón Fiscal.

Ayer, el presidente Barack Obama pidió que el Congreso extienda las tasas reducidas para familias que ingresan menos de 250 mil dólares al año, pero todo mundo sabe que no es más que un acto de campaña, similar a un anuncio de los republicanos de que la semana que entra votarán por extender los recortes de impuestos un año más. La realidad es que el asunto no se resolverá sino hasta pasada la elección.

Es decir, se llevarán las cosas al límite y hay muchas posibilidades, así es la política, de que a pesar de las negociaciones el golpe a la economía de los estadunidenses sea durísimo.

Por más que se suavicen las medidas, lo cierto es que el déficit americano sigue en niveles peligrosos, por lo que tarde o temprano algo tendrá que hacerse.

Para citar a un clásico: a los vecinos les pegará un gripón, mal haríamos en pensar que aquí será catarrito.

Los instrumentos para protegernos y combatir los efectos de lo que sucederá en Estados Unidos —Presupuesto y Ley de Ingresos— serán discutidos entre el primero de septiembre y finales de noviembre de este año por el Congreso mexicano. Será un nuevo Congreso trabajando con un Ejecutivo que va de salida.

Después de años de mediocre crecimiento, de la crisis de 2008-2009, del aumento de la pobreza, no está el país para que nos quedemos mirando y esperando a ver qué deciden los vecinos.

El destino del nuevo gobierno se podría escribir antes de que inicie.

Carlos Puig/mileniodiario

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