¿Dónde quedó la bolita?

¿Dónde quedó la bolita?

Seguro que, como dice Andrés Manuel López Obrador, el premier nipón, Yoshihiko Noda, y el presidente de China, Hu Jintao (como también Angela Merkel, de Alemania; David Lloyd Johnston, de Canadá; Susilo Bambang, de Tailandia; Vladimir Putin, de Rusia; Hugo Chávez, de Venezuela, o Giorgio Napolitano, de Italia), jamás han leído (y menos traducido a sus idiomas) el Cofipe o la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Lo mismo aplica para el resto de mandatarios extranjeros que han felicitado a Enrique Peña Nieto, al igual que la representante de Política Exterior y Seguridad Común de la Unión Europea, Catherine Ashton; el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, o el presidente del BID, Luis Alberto Moreno.

Sin embargo, otro par de dignatarios bastaría para colegir que la premisa de la ignorancia no sirve (no alcanza) para sostener la vacilada de que reconocen a lo pendejo el triunfo electoral del copetudo: Barack Obama y Raúl Castro.

El primero lo sabe porque opera en México la embajada más grande que su país tiene en el mundo (en ella trabaja personal especializado en casi todo lo que se refiere al Estado mexicano), y el segundo quizá sepa más (cuenta con uno de los mejores servicios de inteligencia del planeta: el legendario G-2, y tiene la misma o mejor información que los estadunidenses, los ingleses, los israelíes o los rusos).

Pudiera ser, inclusive, que a todos o algunos de los mencionados les hubiera llegado la especie de que “la mafia” del poder nativo (encarnada en Carlos Salinas de Gortari, Emilio Azcárraga, Elba Esther Gordillo y los que cada quién suponga) estuviera detrás de Peña Nieto y de que, así fuera por puro morbo (descuidando, claro, sus propios asuntos), hubiesen seguido el chisme paso a paso y hasta que uno que otro (¿qué tal Chávez o los hermanos Castro?) deseara con ahínco que López Obrador ganara.

En tal escenario, lo paradójico es que todos, por alguna canija razón, han dado por bueno el conteo del Instituto Federal Electoral que ayer, por cierto, desconocieron las dirigencias de los tres partidos que respaldan a López Obrador.

Quienes desde la sui géneris y desideologizada izquierda mexicana patalean por el resultado de la elección presidencial sin poner en duda los triunfos de sus gallos en los gobiernos del DF, Morelos o Guanajuato pero sí únicamente el de Peña Nieto, en vez de añadir a los ya muy cacareados el cuento de que los gobiernos del mundo están equivocados, están ahora obligados a despejar el mayor de los misterios que implica su lógica pre y poselectoral:

Descartado por lo visto el vaticinio del fraude, ¿cómo se transmutó el petate del muerto de “la mafia” o “los de arriba” en dos tristes empresas (Monex y Soriana) para que el ganador oficial “comprara” la elección presidencial…?

Carlos Marín/mileniodiario

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