Ciudadanos corruptos, tontos y manipulables

Ciudadanos corruptos, tontos y manipulables

¿Quién puede lanzar la primera piedra? Casi nadie. Ningún partido político tiene una hoja de servicios intachable. Recordemos, para mayores señas, algunos usos y costumbres de la agrupación que ampara al primer denunciador de la nación: las elecciones internas en el PRD son un auténtico cochinero (y ahora vienen las huestes perredistas a darnos lecciones de moral electoral, miren ustedes, y a decirnos cómo hay que hacer las cosas); en cuanto a la corrupción, mal de todos los males, tenemos grabadas en la retina las imágenes de uno de los operadores más cercanos a Obrador cuando se embolsaba los billetes que le apoquinaba un empresario extorsionado; ah, y el secretario de Finanzas del señor, cuando era alcalde de Ciudad de México, viajaba alegremente a Las Vegas a dilapidar alegremente dineros mal habidos. Terminó en prisión, es cierto. Pero, ¿no le dio su jefe la alerta para que el hombre se refugiara tranquilamente en territorios perredistas? La posterior y dilatada detención fue tarea de las autoridades federales.

El PAN de don Larrazábal, premiado con una candidatura plurinominal a diputado por Gustavo Madero, mandamás de su partido, no es precisamente un ejemplo de coherencia: el Comité Ejecutivo Nacional había solicitado en un primer momento la suspensión de los derechos partidistas del antiguo alcalde de Monterrey por una turbia historia de chantaje a un casino. Pues, el presidente del partido le regala luego una candidatura con triunfo garantizado, faltaría más. Sin comentarios.

Y ahí tenemos también al PRI de Yarrington, del “góber precioso” y de otros impresentables. Esas figuras, repudiadas por millones de ciudadanos, alimentan el feroz rechazo hacia el antiguo partido oficial y sirven de argumento a todos aquellos que no se creen el ofrecimiento de que el régimen de Peña Nieto no va a mantener las prácticas de antaño. Ahí, por cierto, está uno de los mayores retos del actual presidente electo.

Por último, si Quadri reclama que la esencia “liberal” de Nueva Alianza es una cualidad única en el escenario político nacional, entonces habría que preguntarle cómo es que el partido recibe los patrocinios de un grupo corporativo completamente ajeno a los principios liberales.

En fin, en este entorno no es nada extraño que la práctica del voto “comprado” muestre de pronto las fauces. Lo más llamativo, sin embargo, es que las denuncias sobre estos métodos implican el obligado sometimiento de unos ciudadanos que, por lo visto, no pueden resistir las tentadoras ofertas de unos y otros: se dejan comprar con una despensa, un monedero electrónico, una limosnita o un par de costales de cemento. Así de necesitados estamos los mexicanos. Ah, y cuando no es la penuria la que determina la disposición a venderse al mejor postor, entonces es el embelesamiento por la corrupción, como tuvo a bien proclamarlo el señor Obrador al referirse a los votantes del PRI: o sea, o vendidos o corruptos. Ejemplar ciudadanía.

Ocurre así que la celebración de unas elecciones impecablemente conducidas en el terreno de la organización, la supervisión y los procedimientos se puede descalificar porque los votantes han sido previamente inducidos, coaccionados, comprados y constreñidos. Luego entonces, ya no es el proceso en sí mismo el que pudiera ser cuestionado (aunque, de todas formas, los inconformes de todas las proveniencias y los partidarios de Obrador no dejen de denostar al IFE y de denunciar trampas perpetradas en las mismísimas casillas) sino la propia condición de los ciudadanos que van a votar. Vistas así las cosas, serían ellos los primerísimos responsables de la situación en tanto que están cometiendo una especie de infracción cívica de manera plenamente consciente. Pero, más allá de las ofensas que ha proferido el candidato perdedor, la culpa se ha trasladado a los partidos corruptores lo cual, después de todo, es bien comprensible: no hay manera efectiva de castigar a los millones de mexicanos que, según los denunciantes, venden sus votos. Son inocentes de necesidad. Y, sobre todo, no hay tampoco forma de revertir el mecanismo una vez que ya ha sido consumada la compra: ¿cómo diablos compruebas que tal o cual papeleta, con una cruz a favor de tal o cual candidato, resulta de una previa coacción o, más benignamente, de una recompensa ofrecida? En este sentido, la petición de Obrador de que se anulen los votos “comprados” es absolutamente irrealizable.

Sacamos, de todo esto, una conclusión: los mexicanos, en la visión de quienes deben a toda costa desacreditar el proceso electoral, somos corruptos, tontos y manipulables. Vaya realidad tan triste.

Román Revueltas Retes/mileniodiario

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