Carlos Slim tiene toditita la razón

Carlos Slim tiene toditita la razón

Poco eco tuvo, desafortunadamente, la idea expresada hace pocos días por Carlos Slim en la sede de la ONU en Ginebra, de recortar la semana laboral a tres días hábiles, en lugar de cinco. Yo estoy a favor. Veamos.

Fue la Revolución Industrial, a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, la que arrojó jornadas extenuantes de trabajo en miles de obreros que eran literalmente explotados con jornadas interminables de trabajo y prácticamente sin días de descanso. Alrededor de la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos aprobó una ley, denominada Fair Labor Standards Act, que estableció los beneficios mínimos para los empleados, entre ellos el estándar de 40 horas laborales a la semana y dos días de descanso. De hecho fue en 1946 cuando, al amparo de esa ley, el gobierno estadunidense lo estableció así para sus empleados.

Las ganancias en productividad de las tecnologías de información en la era reciente han sido malentendidas. Mientras la mayoría de las firmas de tecnología han vendido el discurso de que podremos hacer más fácilmente nuestro trabajo utilizando las sencillas interfaces de las computadoras, ningún gobierno ni corporación ha fijado una postura en relación con lo que se hará con el tiempo sobrante una vez que dominemos la tecnología.

La tergiversación de los beneficios obtenidos por la tecnología ha orillado a bancos, empresas del sector turismo, empresas de manufactura, de servicios, etcétera, a creer que cuando logramos un ahorro en tiempo gracias a un sistema informático, tenemos que dedicarnos a vender más, a producir más, o a administrar a más clientes. Error.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), del chileno Juan Somavia, ha sido sumamente lenta en defender el punto. Un viejo reporte de 2004 llamado “Compressed Workweeks” daba cuenta de que pocos países, por ejemplo, Canadá, han visto a sus empresas comprimir la semana laboral con jornadas más extensas, sobre todo en la industria minera y forestal.

Slim dijo en Ginebra que lo ideal sería trabajar tres días a la semana en jornadas de “diez u once horas, para tener libres otros cuatro días y dedicarlos a innovar, a crear”. Tiene razón. Una reforma laboral tendría que incluir esta idea.

Carlos Mota/mileniodiario

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