Algo flota en el aire

Algo flota en el aire

A veces no le llamamos presentimiento a la sospecha de algo que suponemos que sobrevendrá, sino al simple deseo personal de que algo ocurra o al razonable temor de que suceda. También puede ser que se perciban indicios obvios y objetivos de un acontecimiento que nos parezca en cierto modo inevitable. Se da en algunos seres humanos una sensible intuición premonitoria para anticipar las catástrofes. De manera inconsciente, recordamos con cierta insistencia acontecimientos históricos que pudieran parecer el modelo que va a repetirse en el caso de que cuajen los presentimientos y se reproduzca en nuestras narices alguno de los episodios más horribles del pasado. ¿Hay en las asfixiantes circunstancias por las que atraviesa Europa algún paralelismo con los días de recesión y hambruna que en plena República de Weimar sirvieron de caldo de cultivo para el auge de las ideologías nacionalistas que determinaron el estallido de la II Guerra Mundial? ¿Será en esta ocasión la presión del dinero, y no la fuerza de las armas, lo que desencadene un conflicto? ¿Es una cierta sensación de angustiosa inquietud prebélica lo que algunos creen que «flota en el aire»? ¿Será que los alemanes han encontrado en las finanzas una manera fría y sutil de resarcirse de sus dos fracasos en las últimas grandes guerras? ¿Y será China quien interprete ahora el papel expansionista y arrogante que llevó a Japón a decidir su ataque aeoronaval a Pearl Harbor? Carezco de la fina sensibilidad premonitoria de las aves de corral, pero algo me dice que en medio de la incertidumbre y la pobreza, y con la voraz inminencia del hambre, lo que en realidad presagian los perros es el pasado.

José Luis Alvite/larazon.es

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