Jaque Mate

Ni las profecías del fraude ni las marchas antiPeña ni la rabia de las redes sociales lograron acabar con el hombre que inició la campaña como claro favorito.

José Cárdenas

 Jaque Mate

La voz del pueblo, pasada por agua, mandó al PRI de regreso al poder. Sí, el viejo partido tiene nuevo rostro.

La voz de las urnas confirmó lo que auguraban las encuestas. En 90 días de campaña pasó de todo para quedar igual.

Ni las profecías del fraude ni las marchas antiPeña ni la rabia de las redes sociales lograron acabar con el hombre que inició la campaña como claro favorito.

Tampoco el miedo surtió efecto. Ni el temor a la violencia ni el temor al viejo autoritarismo priista consiguieron ahuyentar a millones de votantes que acudieron en masa a las urnas contra todo pronóstico, incluso el meteorológico.

Los números garantizan la legitimidad de Peña Nieto. La ventaja es contundente.

Pero… la victoria del PRI (el Verde ni en cuenta) no debe interpretarse como una patente de corso, para sacar del baúl de la historia las tentaciones autoritarias del pasado.

México no perdonaría un pecado como ése.

Para López Obrador no hay vuelta atrás, la desventaja le cierra las puertas a una protesta como la de hace seis años. Aun así, hay que reconocer que al rondar los 30 puntos superó la expectativa generada a inicios de la campaña cuando todos le auguraban un modesto tercer lugar.

El triunfo de Enrique Peña Nieto, cuya condición definitiva no se dará sino hasta agosto, representa ya una oportunidad para iniciar una labor paciente e incesante de cuya magnitud ni el virtual presidente electo ni alguno de sus tres adversarios habló durante las campañas: devolverle a este país la concordia…

Ahora México necesita un presidente que logre la resurrección nacional y le devuelva certeza a sus ciudadanos.

La gran hazaña nacional por venir necesita un espejo donde el país pueda mirarse a sí mismo, otra vez, con orgullo.

Si alguna vez el camino fue el nacionalismo revolucionario, hoy el nacionalismo ya no necesita una revolución.

Basta una copiosa voluntad, para ordenarnos convivir con un sentido nacional de progreso, de propiedad y de soberanía económica, jurídica… y política.

Así se entendió el mandato.

El reto es enorme.

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