Pensamientos con vientre (IV)

Pensamientos con vientre (IV)

Respecto de su apasionante complejidad emocional, por lo general he seguido en mi relación con las mujeres el principio de que cada vez que un hombre desentraña un misterio, destruye al mismo tiempo una emoción. Es por eso que el deseo de conocer a fondo a una mujer lleva aparejados sin remedio el esfuerzo ímprobo de intentarlo y el grave riego de conseguirlo. Que entres en sus planes no significa que formes parte de sus pensamientos más personales. Cada vez que los hombres decimos que las mujeres son interesadas, probablemente lo hacemos sólo para no reconocer que en realidad son inteligentes. Nos ocurre lo mismo con sus pasiones. Las consideramos lentas y frías porque nos cuesta aceptar que son reflexivas y que casi nunca hay en su conducta un impulso que no sea la consecuencia de un razonamiento. Muy elementales para estas cosas, los hombres enseguida creemos que ella nos ha abierto su corazón y que podremos instalarnos para siempre en él. ¡Qué error! Aun en el caso de que una mujer te pase a su alcoba, has de tener claro que puedes meterte en su cama y seguir sin embargo fuera de su corazón. Si eres sincero, reconocerás que también a ti pudo ocurrirte lo que me sucedió a mí con aquella chica con la que me acosté creyendo que la había abatido con la munición de cuatro frases. Por la mañana me dijo: «No tengo reproches, ni disculpas, pero no te hagas ilusiones. Tus frases jamás me habrían resultado tan demoledoras como la jodida ginebra. Aunque me arrepienta de lo ocurrido, ni siquiera estarás mucho rato en mi conciencia. No sabes nada de mí. No pretendas ir por ahí diciendo que eres alguien en mi corazón; confórmate con presumir de haberle dado trabajo a mi lavadora».

José Luis Alvite/larazon.es

La pintura la pillé en esta página: http://galeriabalbontin.bligoo.com

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