Pensamientos con vientre (II)

Pensamientos con vientre (II)

Resulta admirable la resignación de las mujeres frente a la adversidad, tanto como lo es sin duda la tenacidad con la que siguen las recomendaciones del médico, los estudios de sus hijos o el papeleo de los trámites administrativos más desesperantes. Un médico amigo mío me dijo en una ocasión que las mujeres son capaces de soportar estoicamente las enfermedades más largas sin que les cambie mucho el carácter, y que a veces pudiera tenerse la impresión de que su organismo no es cosa de la ciencia, sino de la magia. Enferman mucho, pero de cosas que les producen fiebre, fotogenia y conversación. Mi madre fue operada en dos docenas de ocasiones y todavía ahora acude a la consulta médica con la esperanza de que le diagnostiquen cualquier patología latosa con cuya descripción pueda animar la sobremesa del sábado. Ha superado momentos muy difíciles, a veces incluso al borde de la muerte, sin perder jamás la compostura, como si tuviese la absoluta seguridad de que en las patologías de las mujeres no hay una sola enfermedad que ellas no puedan superar echando mano del tratamiento prescrito por el ebanista para los venerables muebles del salón. ¿Será que el sentido común de las mujeres segrega en su organismo sustancias que prolongan la vida? Por comparación podría hablar de la vulnerabilidad de mi padre, que sólo enfermó seriamente una vez y se fue derechito al cementerio. Como tantos hombres, soportaba muy mal el dolor. En una ocasión se puso malo de una muela y quiso meterse en la cama calzado porque no quería darles demasiado trabajo a los muchachos de la funeraria. Yo soporto mejor el dolor, aunque reconozco que me asalta a veces la duda irracional de que pueda morir de cáncer de matriz.

José Luis Alvite/larazon.es

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