Lo que hay que comer en verano

Por: Mikel López Iturriaga 

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Ensalada de sandía, queso feta y cebolla roja. / AINHOA GOMÀ

 

El verano es una explosión de lujuria hortofrutícola. La abundancia de jugos de los productos de la naturaleza no puede ser más adecuada para una época en la que necesitamos meter líquido en el cuerpo para aguantar el calorazo. Yo diría que es mi estación favorita en cuanto a frutas y verduras. Aunque claro, también lo diría del otoño por la calabaza y las setas. Y del invierno por las naranjas y la coliflor. Y de la primavera por las fresas y los espárragos. En fin, lo importante es no ser cortimer y tomar los alimentos frescos en su temporada: es más barato, más sabroso y más sostenible. Estas son algunas de las maravillas que nos depara la estación, ordenadas más o menos por orden de aparición.

Brevas e higos

Una breva es lo mismo que un higo, pero recogido al principio del verano y no al final. Aunque son un poco más sosillas que sus hermanos tardíos, los adictos a la especie no podemos esperar y nos lanzamos a por ellas en cuanto asoman por los mercados. Cualquier cosa que hagas con unas lo puedes replicar con los otros: con jamón, mozzarella y avellanas están espectaculares, y al horno, todavía más.

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Ensalada de brevas, mozzarella y avellanas. AINHOA GOMÀ

Melocotones, nectarinas y paraguayas

En mi humilde opinión, los melocotones son la fruta estrella del verano. Hay que aprovechar bien junio, julio y el principio de agosto, porque después se empiezan a poner pastosillos (aunque esto depende de las zonas). Tratar de comprar ejemplares de proximidad en mercados o fruterías también ayuda a evitar el poliespán naranja con aspecto de melocotón habitual en las grandes sufisies. Lo mismo se puede decir de las paraguayas o de las nectarinas. Estas últimas son perfectas para comerlas cuando te da el ataque de vagancia y pasas de pelar fruta, porque la piel no da cosica (siempre he alucinado con la gente que se come los melocotones y los paraguayos a pelo: para mí es como meterte un trozo de ante en la boca). Las tres frutas son muy versátiles: recomiendo el gazpacho de tomate y melocotón, el melocotón con picotas y vainilla, el lomo relleno con nectarinas, y el sablé bretón con nata, higos y nectarinas.

Calabacín y berenjena

 Aunque ya se encuentran en los mercados casi todo el año, la época de esplendor del calabacín y la berenjena es el inicio del verano (una vez más, esto depende de las zonas: cuanto más al norte, más tarde). Ahora puedes disfrutar de los ejemplares que mejor funcionan en la cocina por su sabor y carnosidad. Prueba a salirte del rollo de siempre (berenjena frita, tortilla de calabacín) con un gazpacho verde con hierbabuena, unoscalabaguetis con ajo y guindilla, una ensalada de calabacín marinado, una parmigiana de berenjenas con morcilla o un arroz especiado con berenjenas y yogur. Y si te va lo clásico, aquí está el legendario pisto de mi madre.

Calabaguetis
Calabaguetis. / AINHOA GOMÀ

Ciruelas

Pocas cosas existen más deliciosas que una ciruela dulce y jugosa. Lástima que, con el tomate, sea uno de los frutos que peor ha llevado el ajetreo de la vida contemporánea: supongo que al favorecer las variedades más productivas se ha dejado atrás buena parte de su exquisito sabor original. Hoy es difícil comerlas buenas, especialmente las claudias, pero todavía se encuentran ejemplares decentes. Recuerda: la buena ciruela tiene que estar madura, pero firme: ni rebotante cual pelota de ping pong ni blanda como un globo lleno de agua. A mí me encantan solas, pero puedes experimentar con ellas haciendo un bizcocho de ciruelas frescas.

Tomate, pimiento y pepino

O la Santísima Trinidad del verano. Se unen en el gazpacho, sin el que parece difícil sobrevivir al verano, aunque yo tampoco los desdeñaría juntos en ensalada. Nunca están tan buenos como ahora, especialmente esa especie literalmente destruida en términos de sabor en las últimas décadas llamada tomate. En esta época del año, en algunos mercados o en algunas zonas todavía sobreviven muestras dignas de la especie, que si se compran en buen estado de maduración y no se castigan con la nevera pueden proporcionarnos la satisfacción que sólo da este prodigio de la naturaleza. Las recetas son infinitas, pero puestos a destacar, propondremos una ensalada de tomate, pimiento verde y pan, ungazpablanco de tomate y almendra, un conejo con pimientos y aceitunas, una sopa fría de pepino, yogur y menta o un bonito con tomate.

Gazpablanco
‘Gazpablanco’. / AINHOA GOMÀ

Judías verdes

Si alguna verdura me despista con su temporada es la judía verde. En el País Vasco, donde crecí, siempre ha sido de verano. El Ministerio de Agricultura casi dice lo contrario. En Cataluña, donde vivo, su precio y calidad sufren unas oscilaciones con las que no hay manera de aclararte de cuándo es tiempo y cuándo no. En cualquier caso, si las pillas cercanas, tiernas y sin fibras duras ni correas de transmisión en los bordes -sí, hay algunas con las que te podrías hacer unas alpargatas-, daté un jartón de judías verdes con salsa verde y cuscús, tómalas con almendras y salsa de miso o en plan más normalito con zanahoria, patata y cebolla al vino.

Sandía y melón

Puede que no sean las dos frutas con el sabor más intenso del mundo, pero la cantidad de líquido que almacenan en su interior las convierte en campeonas absolutas en los días de más de 35 grados. La pregunta clave con el melón es: ¿cómo saber si está maduro? Fácil: debe oler a melón -si está verde tendrá escasa o nula fragancia- y la base -la punta opuesta a la del tallo- ha de estar un poco blanda. Dicho esto, es posible que yo sea monguer, pero ambas pruebas siempre me han dado resultados irregulares. En cuanto a la sandía, según dicen en Consumer.es, debe tener una mancha amarillenta en la zona que ha estado en contacto con la tierra -señal de que no ha madurado en una cámara frigorífica-, y al darle golpecitos con los dedos se debe “sentir hueca”. Aparte del melón con jamón, que ya sé que os va lo viejuno, podéis hacer un megarrefrescante ajoblanco de melón; con la sandía, os emplazo a que no os vayáis de este mundo sin probar la ensalada de sandía, queso feta y cebolla roja.

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Ajoblanco de melón. / AINHOA GOMÀ

Fuente: http://blogs.elpais.com/el-comidista

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