La voz de la gente

La voz de la gente

Se ha muerto Manolo Preciado y me he llevado un disgusto enorme. Un disgusto inesperado, un disgusto de sopetón y de manos a la cabeza, un disgusto azul oscuro, de color de tormenta cantábrica, un disgusto con bigote. Posiblemente porque una, que no conocía a Preciado pero seguía sus andanzas, le tenía a este hombre de vida difícil más cariño del que pensaba. Preciado, piensa una, debía resultarle simpático a todo el mundo por su mostacho y su voz ronca, por su afán en quitarse importancia, por sus respuestas espontáneas a estudiadas provocaciones mediáticas. Pero tenía algo más, algo más que ese aire bonachón, escéptico y realista de Gato Jinks con el que tanto nos identificamos algunos. En este fútbol mercantil y distante de hoy, Preciado parecía uno de nosotros, esos hinchas de cola ante las taquillas y grada sin cubrir que pasan frío en estadios llenos de ejecutivos y patrocinadores. Como puede comprobarse en su entrevista en la magnífica revista «Panenka», Preciado hacía las reflexiones que haríamos muchos, veía las cosas como las vemos muchos, ponía socarronería y sensatez cuando las cosas iban mal y quitaba hierro a los logros sin dejar de alegrarse. Manolo Preciado era la voz de la gente en este fútbol de hoy, fútbol para la gente pero sin la gente, era la voz burlona que interrumpe las conversaciones desde el fondo del bar diciendo algo sensato en lo que nadie había caído. No vendría mal un Manolo Preciado General del Estado, un Manolo Preciado que sustituyera al Defensor del Pueblo y dijera lo que todos pensamos con palabras que todos entendemos cuando se escuchan tonterías en público. DEP Manolo Preciado. Un humilde grandísimo.

María José Navarro/larazon.es

Deja un comentario