La culpa no tiene madre…

La culpa no tiene madre…

La perdiz de la crisis no es que haya sido mareada desde 2008, es que falleció de vértigo ya en los tiempos de la desaceleración, pero finalmente en España hemos llegado al quid de la cuestión: las cajas y su necesidades de recapitalización.

Después de tantos años desayunándonos cada mañana con las escaramuzas de los políticos, no por servir al votante con más honradez y presteza, sino por ocupar un puesto en el consejo de dirección de la caja de ahogos y presiones de su finquita autonómica privada, al final en Europa nos han obligado a levantar la alfombra… y menudo agujero que había debajo.

Las Cajas tienen más activos tóxicos que la última infusión de Litvinenko, y ahora hay que sacar dinero de algún lado para sanearlas. Además, a ser posible hay que hacerlo sin pedir rescate y sin poner dinero público para no disparar nuestro déficit.. la cuadratura del círculo, vamos. Es como si el médico que atiende a nuestra abuela, hipertensa y diabética, le recetase recortarle la insulina para evitar que le suba la tensión.

En fin un marrón en toda regla. Para sacudirse la culpabilidad en el gobierno hablan de herencia recibida, como si Aznar hubiera predicado en el desierto durante años, advirtiendo de la llegada de una burbuja inmobiliaria y de sus nefastas consecuencias futuras. Yo no le oí tal cosa ¿y usted?

En la ahora oposición dirán, que mientras fueron gobierno no pudieron pinchar la burbuja inmobiliaria porque la única forma posible de hacer tal cosa era subiendo los tipos de interés, algo fuera de su alcance desde que se cedió la soberanía al Banco Central Europeo. Y dirán también que de hecho, el gran culpable de aquella locura colectiva por el ladrillo fue la histórica bajada de los tipos de interés que sobrevino al entrar en el Euro. Argumentarán probablemente además que fueron los mismísimos banqueros alemanes que hoy nos acusan de haber vivido por encima de nuestras posibilidades, quienes se ocuparon de regar con créditos abundantes aquel nuevo deporte nacional llamado especulación.

Lo cierto es que entre todos la mataron y ella sola pidió el rescate. Como el pueblo no es tonto, a los políticos no les queda ahora más remedio que asumir el cabreo soberano. ¿Se han dado cuenta ustedes de que Zapatero ha empezado ya a entonar el mea culpa por no haber actuado contra la burbuja mientras pudo? Lástima que lo diga ahora y no mientras sacaba pecho por haber metido a España en la “Champions League”.

Y mira tu que cosa, los alemanes en cambio con nuestra misma moneda e idénticos tipos de interés bajitos lograron evitar la burbuja. ¿Cómo lo hicieron? Fue tan sencillo como idear un fuerte impuesto a aplicar al comprador solo en caso de que vendiera su casa antes de 10 años, acompañado de otro impuesto que cargaba al comprador con unos cuantos miles de euros extras en caso de que la vivienda adquirida no fuera la residencia principal.

¿Se imaginan ustedes la que habrían liado aquí los promotores si se hubiesen propuesto medidas similares? Y no solo los promotores oiga, “que mi niño no vale p’a estudiar y ahí lo ve alicatando tan ricamente, ganando 2.000 euros al mes y con el BMW (a crédito) aparcado a pie de obra”.

En Alemania en cambio se ocuparon también de que los precios que se declaraban por las transacciones inmobiliarias coincidiesen con lo que realmente se pagaba. Me temo que la idiosincrasia germana tuvo bastante que ver con el éxito de la aplicación de esta medida, para estas cosas aquí los notarios “daban la nota”.

Supongo además, que los titulares de urbanismo de los ayuntamientos germanos tampoco estuvieron muy por la labor de recalificar suelos a cambio de favorcillos. Una cosa así era tan impensable como imaginar al alcalde (o al presidente del Lander de turno) ocupando un puesto en el consejo de dirección de un banco local, a pesar de no tener ni idea de economía y finanzas.

Pero en fin, lamentablemente Spanien ist anders! (versión alemana del “Spain is different!”).

Y espere espere, que usted tampoco se va a ir de rositas. Seguro que conoce a alguien que hace bien poquito se vanagloriaba de haber conseguido el 110% de la cantidad necesaria para la compra del piso (“pedí un piquito más para cambiar el coche”) a pesar de contar con un trabajo temporal (“total, si no puedo pagar les devuelvo el piso, que el precio no va a bajar nunca”).

Estos últimos le echarán la culpa de su desgracia presente al político patrio que no pinchó la burbuja, al empleado de la Caja que le concedió cuanto pidió sin asesorarle, al ideólogo europeo que le tentó con la opulencia del euro y ahora le estrangula con su propio cinturón, a la canciller alemana que nos niega los eurobonos y a los dichosos mercados que elevan nuestra prima y llevan a España a la ruina.

Lo cierto es que esta chapuza llamada unión monetaria (pero sin unión fiscal) se estudiará dentro de unos años en los libros de economía como una de las más grandes barbaridades jamás cometidas en nombre del capital. Y para cuando eso ocurra os apuesto el valor actual de la entrada de un piso en Seseña (es decir un café), a que nadie se sentirá culpable en primera persona.

Fuente: http://maikelnai.elcomercio.es

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