Jamás volveremos a ser lo que fuimos

Jamás volveremos a ser lo que fuimos

El sábado 9 de junio pasará a la historia como el día en que Europa se jugó continuar a seguir siendo Europa o a descomponerse en decenas de átomos inconexos y sin rumbo fijo. El rescate de la banca española era un hecho y había, mucho dinero de por medio. Tanto como cien mil millones de euros, ciento veinticuatro mil millones de dólares.

No había más remedio que ayudar al país ibérico. Y no había más remedio porque España en sí, no es rescatable. Son muchos millones de habitantes, demasiado consumo —hasta hace unos años—, y una industria de la construcción —el mal endémico de España— que hizo de la Península Ibérica una potencia económica. Claro, una potencia económica virtual y sustentada sobre un ladrillo que se tambaleó y terminó por caerse.

Los ministros de economía de la Unión Europea mantuvieron una teleconferencia con su par español, Luis de Guindos. De Guindos intentó convencerles de que era necesario un rescate bancario a España; que cualquier otra situación se convertiría en un suicidio colectivo. Hubo varios díscolos que preferían dejar caer a la maltrecha banca española, por cierto, con ramificaciones por todo el mundo, fundamentalmente por América Latina.

Sin embargo, se impuso la cordura cuando el ministro español sacó el as de la manga. “Si no nos ayudan, tendrán que rescatarnos en su totalidad. Vayan preparando quinientos mil millones de euros. Luego vendrá Italia y tendrán que pagar setecientos mil” ¿De donde iba a sacar Europa tanto dinero?

España tenía que jugar a lo kamikaze. En el fondo, De Guindos tenía razón. Si Europa deja caer a España, se caerá todo el Viejo Continente.

Esta es la parte política y económica. Ahora viene la parte social. ¿Qué tenemos que ver los ciudadanos españoles, en toda esta historia creada exclusivamente por los políticos y los banqueros? Es verdad que el dinero era muy barato y nos animaban a pedir más créditos. Sin embargo, deberían haberlo hecho con mayor sensatez y de manera más honesta. Los bancos sabían que, tarde o temprano, el español medio no podría pagar sus deudas, mucho más ahora que no hay trabajo.

Hemos frivolizado el dinero en Europa. Lo hemos cosificado, como si se tratara de algo normal, fácil, demasiado fácil de conseguir. Se trata de algo sagrado; el resultado del esfuerzo, de mucho esfuerzo, mucho trabajo y mucho sacrificio. Pero aquí parecía que todo era muy sencillo e hicimos del dinero, algo común. Es sin duda, la degradación del Viejo Continente que está más agotado que nunca.

Ahora hay que ver qué va a pasar con el experimento del euro. Sí, se trató de un experimento que, en algunos aspectos, carecía de fundamento empezando por la tarea que teníamos que hacer todos los países para ingresar en la Moneda Única Europea. Portugal, Polonia y muchas economías de la Europa del Este, que finalmente lograron entrar en el euro, lo hicieron con ajustes brutales. Y eso, lo pagó la ciudadanía de aquellos países. Es lo mismo que está ocurriendo ahora con todos los ciudadanos del resto de la Unión.

España está abocada al mayor ajuste de su historia. Aumentará la edad de jubilación, se abaratará el despido, subirá el IVA, también los impuestos directos e indirectos. No habrá más crédito por mucho que inyecten desde Europa. El consumo estará en mínimos. Y ¿Quién pagará todo esto? Evidentemente, el españolito de a pie.

Vienen tiempos muy difíciles. Nuestra generación jamás volverá a vivir la situación de bonanza de antaño. Tal vez, nuestros hijos. Aun así, tengo serias dudas.

Alberto Pelaez/mileniodiario

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