Enrique Peña Nieto. La senda del “rockstar”

Enrique Peña Nieto saluda

Con el título que preside esta columna Carlos Tello Díaz publicó en la revista Nexos un perfil describiendo la fórmula política de Enrique Peña Nieto, la más exitosa encontrada hasta ahora por un político del PRI, luego de la derrota de ese partido en el 2000.

Para describir la fórmula, Tello retrocede a la elección del año 2005 por la gubernatura del Estado de México. Centra en ella la mayor parte de su narrativa porque en su opinión es ahí donde aparecen juntas por primera vez las piezas de la máquina de Peña Nieto:

1. Una campaña de medios propia de un cantante o una celebridad del espectáculo, más que de un político profesional.

2. Una estructura de acción electoral que conoce a su electorado y se ha rediseñado para ser eficaz dentro de las reglas y las restricciones propias de la competencia democrática.

3. Un mecanismo simple, pero penetrante de garantizar el cumplimiento de las promesas de campaña, visto que no cumplir es el estigma mayor de los políticos frente a su electorado.

4. Una inesperada capacidad del candidato para mezclarse con la multitud que acude a sus mítines y fundirse con ella, saludarla, abrazarla, dejarse tocar y sentir.

Ninguna de estas piezas explica por sí sola el ascenso de Peña Nieto. Es la combinación de todas ellas, en muchos sentidos mezcla de agua y aceite, lo que hace la diferencia.

He aquí un revoltijo de campaña mediática por aire y maquinaria electoral de tierra, de un ceremonioso cumplir ante notario público, y el gusto físico de fundirse en una multitud que obtiene del candidato algo más tangible que una promesa de campaña o un compromiso de gobierno: un contacto físico, una foto en el cuarto, la vecindad de una estrella.

Como en cualquier campaña política, pueden objetarse el pragmatismo, la simpleza y la manipulación de la maquinaria, pero no su capacidad de generar votos y poder.

Utilizando esta fórmula, antes de ser el candidato presidencial dominante en su partido, Peña Nieto era ya factótum en el ascenso de otros políticos regionales cuya alianza le dio al PRI la mayoría de la cámara en las elecciones intermedias de 2009 y, después, la delantera rumbo a la elección presidencial de 2012.

La inusitada mezcla de sus instrumentos y la tendencia a ser subestimado han dado a Peña Nieto ventajas que durante mucho tiempo sus adversarios combatieron mal, atacando su fachada, su apariencia, no su cuarto de máquinas, el origen de su fuerza.

Hector Aguilar Camín/mileniodiario

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