En los pies de Iniesta

En los pies de Iniesta

Al frente de un país postrado por la dictadura y asolado por la inflación, el presidente Jorge Rafael Videla orquestó el triunfo de Argentina en el Campeonato Mundial de Fútbol de1978 porque sabía que los grandes éxitos deportivos suelen paliar los efectos negativos de las malas gestiones políticas y de las deficientes decisiones económicas. El fútbol forma parte de cualquier doctrina que pretenda despertar el fervor patriótico de la gente. A raíz de su tenaz y angustioso empobrecimiento durante la República de Weimar, incapaces de soportar las condiciones del Tratado de Versalles, los alemanes se armaron hasta los dientes porque Hitler y sus mariscales pensaron que la gloria deportiva podría demorarse más que la gloria militar y ser, además, menos perdurable. Derrotados por los aliados en la II Guerra Mundial, hubieron de esperar casi treinta años hasta su resarcimiento futbolístico. Ahora Alemania vive al mismo tiempo un renacimiento futbolístico y un auge económico, pilares de una grandeza nueva y civil en la que algunos quieren ver el comienzo de la III Guerra Mundial, una conflagración política y mercantil en la que los mariscales serían sustituidos por los gerentes. España llega a los albores del conflicto con el espíritu sacudido por bruscas e insensatas desavenencias políticas y diezmado por una economía recesiva en la que muchos trabajadores se conformarían con cobrar el sueldo en papeletas de empeño. Desconfiados de que reaccionen por vergüenza los políticos, a los españoles nos queda ahora la opción de volver los ojos hacia el televisor por si en los pies provincianos de Iniesta hay alguna posibilidad de que, puesto que es incapaz de llenar otra vez sus neveras, España llene al menos de nuevo sus estadios.

José Luis Alvite/larazon.es

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