El desmadre de la madre

El desmadre de la madre

Madre se llama el libro de Liza Bakewell, una lingüista y antropóloga de la Universidad de Brown, que ha puesto toda su curiosidad y su imaginación en interrogar el laberinto de significados mexicanos de la palabra madre.

El título completo del libro es Madre: Perilous Journeys with a Spanish Noun (Madre: Viajes riesgosos con un sustantivo español). Acaba de salir en inglés y ha empezado un virtuoso circuito de comentarios y reseñas enblogs y publicaciones de ese idioma. Busquen en Google.

Uno vive junto y a menudo dentro del transparente galimatías lingüístico de la palabra. Apenas puede mirar o sentir sus increíbles derivaciones y resonancias: semánticas, psicológicas, sexuales, aun religiosas.

Se trata de un fonema idiosincrático, una seña de identidad civilizatoria. En realidad, un desmadre.

Dice Liza Bakewell que durante su estancia en México la asaltó el enigma de una barda que decía: “A toda madre o un desmadre”. Tratando de descifrar el significado de esa yuxtaposición acabó escribiendo el libro, a la vez una memoria y una averiguación lingüística y psicológica, una antropología y una reflexión de género y costumbres.

Las cinco letras de la palabra, dice Bakewell, acabaron siendo para ella como “una célula en el microscopio”, una célula mínima pero con “más actividad de lo que hubiera pensado o hubiera tenido nunca bajo mis ojos”.

Bakewell ha visto en esta palabra algo que los mexicanos solo usamos, o que nos usa, y que tenemos tan cerca que no podemos ver.

Hay algo de aleph, de universo comprimido, en la mezcla de sentidos, ofensas y consagraciones que puede disparar esta palabra, un misterio de uso diario, capaz de reunir en cinco letras el cielo y el infierno, la veneración y el insulto, la virgen y la puta, la adhesión sin condiciones y el insulto mortal. Lo más sagrado y lo más deleznable.

No he leído el libro, pero no puedo sino presentir que alude a uno de los cuartos oscuros, tan enigmático como cotidiano, del desmadre fundacional mexicano.

Lo traducirán pronto, supongo, y podremos ponerlo también al microscopio, cotejar sus ingenuidades con las nuestras. Algunos pensarán que el libro es una madre, otros que está a toda madre; unos que vale madre, otros que no tiene madre.

Yo he recordado la anécdota de Renato Leduc según la cual en medio de un discurso en un teatro alguien le gritó al político que hablaba “chinga a tu madre”. El político respondió: “Yo tengo dos madres. Una que pueden insultar los pelafustanes. Otra, intocable, que tengo en un nicho”.

“¡Pues chinga a la del nicho!”

Héctor Aguilar Camín/mileniodiario

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