El Arco del Triunfo

El Arco del Triunfo

Al 19, después de amenazar París, el balón cruzó el arco del triunfo, GOL. La jugada simbolizó la época del futbol español. Xavi templó buscando a Iniesta como en los últimos cinco años y el partido llegó al mejor sitio que había, la banda izquierda. Desde ahí, Alba tiró el centro, justo en la línea que limita territorios conquistados por futbolistas españoles, solo y con aire quijotesco apareció Alonso, un jugador que representa lo mejor de este país, raza, nobleza, carácter y determinación. Fue un cabezazo inteligente, dejó fuera de combate a Lloris y al mosquetero que cerraba picando la pelota, remate mental. No hizo falta más. Francia cayó frente a una selección que a partir del futbol recuperó esas cosas que la sociedad española exigía. El juego nunca se metió en problemas, transcurrió por los caminos de España sin obstáculos ni accidentes. Se esperaba más de Ribery y Benzema, los únicos que podían causar un incendio en las portadas de esta mañana. Imposible, el dominio que España ejerce sobre el artículo que da valor este juego es imperial. Necesitarían cambiar las reglas para que el futbol tuviera dos balones. Sin dar una exhibición autoritaria ni contundente, hizo pedazos la moral de los franceses con esa desesperante posesión que obliga a sus rivales a plantearse otro deporte. Hubo cierto intento de Revolución Francesa en el segundo tiempo, un par de llegadas tibias, nada que ver con la invasión napoleónica que merecía la causa. España cerró el trámite con diplomacia, una jugada sin antecedentes penales terminó siéndolo. Cobro Alonso (2), homenajeando a todos esos españoles como Don Javier Mediavilla, un gran maestro, que entienden que la vida y el fútbol es liderazgo, respeto, pasión y tradición.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo/mileniodiario

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