¿A que no puedes quemar solo una?

¿A que no puedes quemar solo una?

El asunto de Sabritas es terrible, pero no sorprendente: la espiral ascendente del poder del narco no tenía por qué dejar del lado a esa gallina de los huevos de oro que es la gran industria nacional. La sorpresa es que hayamos tardado tanto en darnos cuenta del grado que alcanza ya nuestra desintegración social e institucional: los camiones de carga llevan años padeciendo robos y extorsiones a manos de los cárteles, de los cuales las policías y muchos gobiernos locales son un apéndice más. La toma violenta y prolongada de fincas en zonas cercanas a Guadalajara y Monterrey ha quedado hasta ahora impune, y las pymes y los pequeños comercios, responsables en su conjunto de la mayor parte de la producción económica de México, tampoco han sido ajenos a las amenazas y al cobro de piso. Pero el campanazo no es el mismo cuando se quema la lonchería Lupita que cuando arden con dedicatoria las instalaciones de una marca importante que, como es el caso de casi todas las grandes empresas en el país, se suponía que podía defenderse sola por haber desarrollado mecanismos de éxito necesariamente al margen de nuestros gobiernos que, sin distingo de siglas, han tenido a la ineptitud y a la corrupción de común denominador.

Sabritas fue atacada porque el grupo llamado Los Caballeros Templarios la acusó de ayudar al gobierno federal en su combate, hecho negado por la empresa y por la Segob. Pero no importa tanto si esto es cierto o no como la clara toma de autoridad por parte del crimen organizado: “Nos hemos visto afectados por empresas que se prestan para trasladar a personas en todo Michoacán para realizar actividades nocivas a nuestra hermandad. Sabemos que (…) son fuente de empleo para la sociedad michoacana y respetamos su labor, pero deben limitarse exclusivamente al ámbito de los negocios y a su vez, les informamos que a todas las empresas que se presten a estas actividades serán castigadas por sus ofensas”.

Ya podrá salir el secretario de Economía a decir que todo está de pelos, que esto no va a afectar las inversiones, blablablá, como si ese fuera el tema: a los mercados les importa un carajo la condición de un pueblo, solo el grado de inversión del mismo, asuntos que no necesariamente van correlacionados: Rusia es, hoy por hoy, el país con menor deuda del mundo, y eso en modo alguno lo convierte en un sitio habitable. En nuestro caso, parece que vamos de camino a convertirnos en la historia de éxito más trágica de la región.

Roberta Garza/mileniodiario

Twitter.@robertayque

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