Víctimas por igual

Víctimas por igual

Los esposos Calderón llevaron ante el papa Benedicto XVI a deudos de las víctimas de la violencia, incluidas dos familias regiomontanas.

Pero detrás de la compasiva iniciativa dejaron ver la parcialidad con que se manejan los problemas de México, particularmente los relacionados con el combate al crimen organizado.

De Nuevo León, en efecto, llevaron a la viuda del alcalde panista de Santiago, asesinado por malhechores. Y a la hermana de la joven estudiante muerta por otro delincuente en la Plaza Morelos.

Pero no invitaron, en cambio al padre de Otilio Cantú, muerto por soldados habilitados de policías y a mansalva.

O hubieran llevado a los padres de los dos jóvenes estudiantes del Tec de Monterrey, que perdieron su vida en un incidente aún sin aclarar, en el que los soldados deformaron la escena y los hicieron ver como sicarios.

En ninguno de esos dos casos se ha hecho justicia, a pesar de que los presuntos responsables dependen o dependían directa y laboralmente de la autoridad.

El luto de sus familias resulta de segunda para el gobierno, que sólo reconoce y compadece a los muertos del otro lado.

No se trata de endilgar culpas, sólo de hacer comprender que la violencia no debe ser cosa de partidos ni de filias. Son delitos que ofenden a la ciudadanía y que los crímenes son vituperables los cometa quien los cometa, sean rufianes o sean uniformados.

Jorge Villegas/mileniodiario

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