“Si eres virgen, te venden; si los acusas, te matan”

“Si eres virgen, te venden; si los acusas, te matan”

Otro año del CARNAVAL DE TENANCINGO, sin que nada cambiara. ¿Cuántas mujeres viven hoy un infierno? Los padrotes están juntos para mantener la tradición que se inició en 1519, cuando Xicoténcatl le regaló a Cortés la primera víctima de trata

Si eres virgen, te venden en 50 mil pesos; si eres joven, en unos 30; cuando estás más grandecita, como ya no aprietas, vales menos y después te ponen a atender a las nuevas, a las princesas”. ¿Te sonó crudo, indecible, indigno y demasiado fuerte? Pues así de crudo, indecible, indigno y demasiado fuerte lo escuché de boca de una víctima de trata.

Una vez que son vendidas las llevan a diferentes estados de la República mexicana a trabajar, a ser explotadas sexualmente en giros negros, hoteles de paso, o a pararse en una esquina para ser prostituidas, son amenazadas y, por si fuera poco, juzgadas.

Muchas de ellas nunca regresan a su lugar de origen. “Chiquito, pero allá está mi hogar”, ese pueblo donde el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl permanecen impávidos e inmóviles ante tanto dolor, ese pueblo a un costado de la carretera donde los 20 policías municipales sin armas no alcanzan a darse cuenta de que niñas, jóvenes y adultas son robadas para fines de explotación sexual. Me refiero tristemente a Tenancingo, vergonzosamente llamado cuna internacional de los padrotes.

“Si te contara, Rosi —prosiguió la jovencita al relatar su testimonio—, eso no es nada, allá en Tenancingo a los niños desde los 14 o 15 años les regalan sus primeras dos viejas para que empiecen su negocio. Los chiquitos de 5 años dicen: yo, cuando sea grande, quiero ser padrote. Los carrazos y las casotas son de los padrotes con más experiencia. En el carnaval sacan a las nuevas y una semana después desaparecen, otras que se resistieron aparecen muertas por ahí”.

Sus ojos se comenzaron a llenar de lágrimas y me dijo: “A mí me robaron, yo tenía una vida normal, con sueños, trabajaba cerca de la Volkswagen y el dinero que ganaba se lo daba a mi mamá, no necesitaba nada, era feliz”. Continuó contando acerca de las actividades ilegales en este insólito lugar, donde las costumbres y la codicia se unen.

Cuando mencionó el carnaval me llené de coraje. ¿En el carnaval las venden?, le pregunte, y me explicó que en esa festividad los padrotes intercambian a las chicas y pelean por ellas: “El más fuerte se las queda, por eso las más bonitas luego ya no aparecen, ahora se venden en el carnaval, Rosi, pero desde antes —en el pasado— se regalaban a los españoles…”, prosiguió narrando su dolorosa historia que en otro momento les contaré.

Es un grito que nos demanda actuar y tomar conciencia: en Tenancingo se asume como normal o se tiene miedo a denunciar la trata de personas, es ya una costumbre vivir entre delincuentes: “Si los acusas, te matan… así son las cosas en ese lugar”.

En efecto, la chica tiene razón, hace más de 400 años Xicoténcatl, guerrero Tlaxcalteca, ofreció a Hernán Cortés, a su paso por Tlaxcala, a las doncellas más bellas del lugar, a las vírgenes, éste las recibió y las repartió entre sus hombres y a cambió le dio mantas importadas de España debido a que era de lo que los tlaxcaltecas carecían (el abuso a los más vulnerables).

Esta fiesta es una vieja tradición introducida por los colonizadores, que representa el tiempo en el que había sumisión. A lo largo del tiempo esta festividad no es más que la fachada de la reunión más importante de los padrotes, donde se sigue sacrificando a las doncellas…

Nuestro pasado nos ayuda para preservar lo valioso y aprender de lo negativo, es tiempo de hacer algo por Tenancingo, porque es nuestra tierra y somos hermanos, ahí viven y sufren personas por este mal que ha permeado el lugar. Y si en un lugar de este país las familias viven peligro de ser robadas y prostituidas sin importar el nivel social o la educación, todas las familias somos vulnerables. Defender y rescatar esta tierra es hacerlo también por nuestras propias hijas y familiares. Aún podemos cambiar la historia, ¿o queremos que nuestras niñas y jóvenes sigan siendo violadas, y nuestros niños se conviertan en padrotes? Ya basta, por favor, no podemos seguir ignorantes y ajenos a este tema.

Hago un llamado público a todo mexicano o habitante de esta nación, empresario, miembro de la sociedad civil, funcionario público, no importa quien quiera que seas, volteemos a ver ese poblado que necesita proteger y recuperar a sus niñas y jóvenes desaparecidas, hacer justicia, encarcelar y sentenciar a cada delincuente y, sobre todo, cambiar el destino de aquellos que aún no son presas de tan abominable perversidad.

Lo he dicho y lo repito, no vamos a dejar de trabajar hasta que veamos el cambio, no pueden estar los derechos y la dignidad humana por debajo de los usos y costumbres erróneos de cualquier pueblo. Como esta muchachita hay muchas otras que te pueden contar su historia y todas son tan dolorosas como parecidas, espero que te llenes de ese coraje que te levanta y te hace moverte sin esperar a que otro lo haga.

Hable también con la mamá de la víctima y me impactó lo que me dijo: “Cuando vi que no llegó a la casa pensé: ‘Dios es grande y mi hija es lista, seguro me va a mandar un recado con un cliente’”, es decir, ya suponía la causa de su desaparición.

Pasaron los meses y no sucedió, ¿y sabes por qué? ¡Porque todos los clientes a los que ella pidió auxilio hicieron caso omiso de su clamor, fueron cientos, tan sólo en un fin de semana fue obligada a tener relaciones con 50 hombres y ninguno la ayudo, ella tuvo que huir de los padrotes junto con una amiga suya, ella nunca regresó porque le dispararon para que no escapara. Tenía 16 años y 4 meses de embarazo. ¿No te indigna, no te da pavor? ¿En verdad te sientes a salvo?

Del 19 al 26 de febrero pasado se realizó nuevamente el Carnaval de Tenancingo sin que nada distinto sucediera, ¿cuántas mujeres, jóvenes y niñas están hoy viviendo un infierno? Los padrotes están juntos para mantener —cada vez con mayor perversidad— la tradición que inició desde el 23 de septiembre de 1519, cuando Xicoténcatl le regaló a Cortés la primera víctima de trata en ese lugar.

Nosotros como sociedad, padres de familia, como mexicanos debemos hacer algo, porque unidos somos más y sí podemos recuperar Tenancingo. Las muchas personas de bien en este lugar nos piden a gritos la ayuda y debemos recuperar cada plaza o lugar donde la trata de personas es normal e impune.

Es el tiempo para que acabemos con la trata de personas.

Rosi Orozco/mileniodiario

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