Política y tanatorio

Política y tanatorio

Tendría que procederse en la política como se conducen por lo general los médicos, que no hacen sus diagnósticos atendiendo a las expectativas de sus pacientes, sino respetando la realidad objetiva de las exploraciones. A mí el cirujano me aplicó anestesia general porque dijo que la cosa era algo complicada y llevaría tiempo. El doctor Francisco Barreiro es amigo mío y sin embargo ni se me pasó por la cabeza que en nombre de esa amistad aceptase sustituir los rigores de la cirugía por la amable tertulia de la manicura. El cirujano hizo lo que había que hacer, con el resultado de una incisión que requirió casi una treintena de grapas. Yo estaba al tanto de lo que me esperaba y no dude en aceptar. Sabía que en mi estado la cirugía abdominal iba a dar mejores resultados que si por evitarme los inconvenientes del postoperatorio decidiese alegremente pasar consulta en el peluquero. ¿Por qué no aceptamos que a veces los políticos han de tomar decisiones que nos resulten incómodas, incluso dolorosas? ¿Es acaso preferible la fórmula del presidente Zapatero, que desmintió la crisis casi hasta correr el riesgo de quedarse él mismo sin dinero para el afeitado? ¿Habremos de dejar que esto se hunda y evitar las malas noticias del naufragio hasta encontrar un pulpo en el bidé del camarote? Parece que hemos llegado con retraso a las soluciones y eso hará que las medidas sean más severas. A Rajoy le toca adoptar decisiones drásticas y ha de hacerlo pensando en que por el bien del país vale la pena ser lo bastante impopular. Mi cirujano no hace bromas con la salud de sus pacientes, pero yo sé que cuando toma una decisión dolorosa, lo hace porque no considera que sea una buena alternativa desistir de los inconvenientes de la cirugía y darle a cambio al enfermo una tarjeta del tanatorio más cercano.

José Luis Alvite/larazon.es

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