Mujeres

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Buena noticia, queridas: hasta dentro de un año no habrá que conmemorar otra vez el Día de la Mujer Trabajadora, jornada en la que muchos hombres disfrazados de feministas nos hacen pasar cierto bochornillo. No falla, se repite cada ocho de marzo, y parece que la cosa no mejora. La realidad, como bien sabéis, es bien distinta a los deseos que se escuchan estos días. Seguimos cobrando menos y sobre todo, pagando extraordinariamente caro el peaje de nuestra vida familiar, un peaje que la mujer asume como intransferible y que el hombre (el hombre de esa mujer) ve pasar con la misma cara que las vacas miran a los trenes. Pero no venía yo con intención de pegar la chapa y la turra sobre la igualdad, sino con ganas de contar una de esas historias que demuestran que ya estamos más cerca de dominar el mundo. Verán Vds: no sé si recuerdan a Ben Laden, al que dejamos en el fondo del mar, que es donde el Ejército estadounidense lo depositó, o eso es lo que creíamos hasta que apareció Wikileaks. Lo que ahora sabemos también es que el fundador de Al Qaeda pasó las últimas semanas de su vida entre las riñas de sus tres mujeres. Por lo visto, la favorita era la más jovenzuela. Se sospecha que la mayor de todas, celosona y cruel, y la tercera esposa, que necesitaba hacer puntos y enredar, se las tenían tiesas. Es decir, que quizá estemos cerca de poder constatar que, en realidad, y ante el panorama que el sanguinario terrorista tenía en casa, optara por entregarse. Estamos a punto de dominar el mundo, nenas. Y el día que lo hagamos, se van a enterar éstos.

María José Navarro/larazon.es

 

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