«Hechos aislados»

«Hechos aislados»

Cada vez que un grupo de agitadores altera la paz ciudadana con graves destrozos materiales, el político responsable del mantenimiento del orden se apresura a declarar que se trata de un «hecho aislado», como si con eso las víctimas de los desmanes fuesen a quedarse tranquilas. También echan mano de la misma benevolencia los representantes sindicales al ser interpelados sobre la brutalidad de los piquetes de huelga que ellos no dudan en calificar de «informativos», como si sus desmanes constituyesen una encomiable exhibición de pedagogía de la comunicación. ¿Cómo hemos de interpretar esa visión tan benevolente de lo que en sí son evidentes hechos delictivos? ¿Será que en el devenir de la endémica cobardía corporativa los políticos de ahora son los tardíos depositarios del estilo higiénico  y ocultista de los gobernadores civiles de la época franquista, que eran unos señores muy diplomáticos que negaban los rasgos más incómodos de la realidad social al precio que fuese para no inquietar la embalsamada duermevela del circunspecto y expeditivo inquilino de El Pardo? Convendría tener presente que los grandes conflictos comenzaron a menudo en una sucesión de «hechos aislados», como cuando Hitler se saltó un par de semáforos en Polonia y nadie se alarmó casi hasta que el Führer abrillantó el correaje y se plantó con sus tanques en París. En los conflictos sociales se suceden los «hechos aislados» y nadie repara en su importancia aun a sabiendas de que en la destrucción del orden social cualquier incidente puede desencadenar una catástrofe, igual que el «hecho aislado» de un gol decide en el fútbol un partido. Personalmente, manifiesto mi preocupación por el desinterés de las autoridades y confío en que la ineptitud de nuestros políticos sea de verdad un «hecho aislado».

José Luis Alvite/larazon.es

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