El secuestro no se combate despreciando las leyes

El secuestro no se combate despreciando las leyes

Detengan ustedes en la calle a cualquier persona de la clase trabajadora ypregúntenle cuántas veces ha sido atracada y robada. La respuesta será sorprendente y nos ofrecerá un desolador panorama de las cosas en este país: a la inmensa mayoría de la gente ya le ha tocado, en carne propia, vivir la espeluznante experiencia del atraco directo o de descubrir, cuando vuelve a casa, que le han quitado sus objetos más preciados —esas joyitas, esa computadora, ese televisor de pantalla plana o esos aparatos electrónicos comprados afanadamente con la precaria paga que logra agenciarse si es que encuentra un trabajo “digno”— y, por si fuera poco, de constatar que no hay casi recurso alguno para encontrar reparación porque acudir con las “autoridades” es afrontar un viacrucis de maltrato y desprecio.

Algunos lectores, luego de que escribiera anteayer que Florence Cassez debe ser puesta en libertad por no habérsele garantizado, desde el momento mismo en que fue detenida, las condiciones que merece cualquier individuo bajo la presunción de inocenciay, segundamente, las seguridades que otorga la ley en todos los procesos judiciales, me comunican su deseo de que sufra el secuestro de un familiar o de que yo mismo me encuentre en manos, algún día, de desalmados raptores.

Pues bien, en espera de ver lo que me depara el destino, me permito afirmar, por lo pronto, que la causa de la espantosa inseguridad que vivimos es, precisamente, la ausencia de un aparato de justicia medianamente confiable. Lo de que el juicio y el proceso de Florence se hayan llevado de manera tan desaseada es simplemente un síntoma de algo más, de un sistema que no funciona porque no castiga con equidad, no investiga con profesionalismo, no inquiere con honestidad, no protege con eficiencia y no responde con prontitud y, en consecuencia, no sirve para garantizar el primerísimo de nuestros derechos ciudadanos, el de la seguridad personal. Pero no es violando las leyes como vamos a arreglar el asunto sino al contrario, respetándolas. Pues eso.

Román Revueltas Retes/mileniodiario

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