Contra el silencio

Por: Salvador Camarena | 23 de marzo de 2012

Choco

Altar en el escritorio del reportero Armando Rodríguez “El Choco”, asesinado en Ciudad Juárez el 13 de noviembre de 2008. Imagen tomada del documental Silencio forzado.

Hace unas semanas, un activista que trabaja en defensa de los derechos humanos en una de las zonas más conflictivas de México reflexionaba sobre la muerte. “Si a mí no me han matado”, dijo sin alterar el tono de su voz, “es por la visibilidad que me han dado los medios. De no ser por eso, seguro ya estaría muerto”. En otras palabras, ese activista está convencido que el que los periodistas lo busquen, entrevisten, consulten, y, esencialmente, el hecho de que publiquen sus denuncias le ha ayudado a espantar a quienes lo preferirían callado para siempre. Si esto fuera una regla generalizada, que a mayor visibilidad menor riesgo, entonces hay que felicitar a Article 19, capítulo México, porque acaba de hacer algo pocas veces visto en este país: ha elaborado un documental en el que da visibilidad a muchos periodistas mexicanos que hablan de lo que representa su oficio y las amenazas para ejercer el mismo.

El filme se llama Silencio forzado, y en su versión inicial dura 24 minutos (sus realizadores tienen en total 40 horas de grabación, de las que podría salir otro documental). Es un trabajo calidad técnica irreprochable, que sin recurrir a trucos tremendistas logra sacudir con testimonios de periodistas de la república mexicana que reclaman visibilidad para encarecer cualquier intento de ataque a la prensa.

Porque tiene razón Gustavo Lizárraga Reyes (del diario El Debate, de Mazatlán, Sinaloa) cuando en el documental reclama que “nosotros a nivel nacional somos una noticia breve, si alguien es levantado, si alguien es ejecutado, somos una breve”.

Desde Oaxaca, Pedro Matías agrega un elemento indispensable para entender las agresiones a la prensa en esta nación: “Muchos tienen la idea de que México es un país democrático, no lo es, hay que saber diferenciar, a nivel federal ha habido cambios, hay una apertura, pero a nivel local está muy focalizado el control.”

A la par del documental, Article 19 dio a conocer su informe sobre los ataques a los periodistas mexicanos en 2011. El reporte lleva por nombre Silencio forzado. El Estado, cómplice de la violencia contra la prensa en México. En él, los números son crudos: el año pasado hubo 9 periodistas asesinados, 2 trabajadores de medios de comunicación también perdieron la vida, desaparecieron 2 periodistas más y se registraron 8 agresiones con armas de fuego o explosivos en contra de edificios de medios de comunicación.

Pero algo destacable del reporte de Article 19 es que revela que en 2011, de las 172 agresiones a la prensa, los autores del 41% de ellas son autoridades, mientras que a la delincuencia organizada corresponden 13.37%. Esto no extraña a Pedro Torres, subdirector de El Diario de Juárez, que en el documental expresa: “Quien te debe ayudar para realizar mejor tu labor es quien más te está presionando para que no lo hagas”.

 Casquillos balas
En el despacho que fuera de Armando Rodríguez “El Choco”, sus compañeros exhiben casquillos que los investigadores forenses no recuperaron del lugar donde lo asesinaron.

Article 19 hace otra aportación. Plantea una nueva contabilidad de periodistas muertos y desaparecidos de 2000 a la fecha:

  • 66 periodistas han sido asesinados.

  • 13 periodistas han desaparecido.

  • 33 medios han sido blanco de atentados con explosivos y armas de fuego.

Explican además que “las cifras contrastan significativamente con las divulgadas por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), las cuales, se afirma, carecen de credibilidad, pues las contradicciones encontradas respecto a varios casos evidencia la ausencia de criterios claros en su integración, además de que es posible asegurar que no se hace seguimiento de los casos”.

Dediquen 24 minutos a ver el documental. Explica mucho más que los números, que de tanto acumularse en ocasiones pierden su contundencia, pero no así la voz de colegas que reclaman ser escuchados, visibilidad que les ayude a espantar a criminales… y a autoridades que buscan silenciarlos, apoyados por la costumbre de que a nadie importará si no publican más.

http://blogs.elpais.com/contando-america

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