Sopa negra

Sopa negra

La materia oscura es esa masa que no emite una radiación electromagnética suficiente para ser detectada con los medios técnicos actuales. Es invisible, pero en ella, como en una sopa negra, flota la realidad, tal como la conocemos hasta ahora. La materia oscura no es solo un problema teórico de física cuántica; existe también a cualquier orden de nuestra vida. Llevada a la política la materia oscura sería ese Doctor NO, un ente sin nombre, sentado detrás del espejo, que impone siempre su voluntad inexorable y nunca es desairado por ningún gobernante de derechas ni de izquierdas. El presidente Barack Obama llegó al poder con la promesa de extender la sanidad pública, de acabar con el escarnio mundial de los presos de Guantánamo y de meter en la cárcel a los responsables de la gran estafa financiera de Lehman Brothers, el primer causante de precipitar al sistema en esta profunda crisis moral y económica. Obama no solo no ha reformado la sanidad ni ha cerrado la cárcel de Guantánamo, sino que encima ha tenido que llamar como asesores de la Casa Blanca a los financieros de Wall Street que provocaron el hundimiento de la economía. Obama es solo un fantasma de la realidad rodeado de una materia oscura, que le ha impedido realizar su propósito. Mariano Rajoy llegó al Gobierno con la idea de bajar los impuestos, había reiterado formalmente esa promesa en el discurso de investidura y 15 días después la sopa negra invisible que se cierne sobre La Moncloa le ha obligado a comerse sus propias palabras públicamente sin el más mínimo sonrojo. Cualquier ciudadano tiene un sentido básico de la justicia y es capaz de distinguir el bien del mal, pero al mismo tiempo sospecha que los jueces se desenvuelven en medio de una masa indefinida que no emite una radiación electromagnética necesaria para ser detectada por el sentido común. Debido a esa materia oscura que impregna la justicia, Garzón se ha sentado en el banquillo a instancia de los corruptos que él trató de perseguir. La materia oscura gobierna el azar de nuestra vida, hasta el punto que algunos científicos creen que es el único dios. Se trata de una fuerza misteriosa que está detrás del espejo en el que sometemos a juicio la propia imagen cada mañana al afeitarnos. Ella te salva todos los días o te condena.

Manuel Vicent/elpais.es

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