Sigamos el camino como si fuera cierto el calendario

En fin, hoy comienza un nuevo año y no podemos negar la importancia que tiene lo simbólico en nuestras vidas. Y necesitamos, de cualquier manera, catalogar las cosas, asignarles números de referencia y dividirlas en una clasificación que nos facilite la visión del mundo.

Sigamos el camino como si fuera cierto el calendario

El recorrido periódico de nuestro planeta alrededor del Sol es lo único exacto. Todo lo demás —los calendarios, aniversarios, efemérides, conmemoraciones y celebraciones— es invención arbitraria de los hombres. Jesucristo, según parece, no nació siquiera en estas épocas del año sino, mira tú, por ahí de septiembre; temporada, en Judea, más bien canicular, o sea, sin trineos ni renos. Y tampoco vio la luz del día hace 2011 años sino 24 o 36 meses antes de la fecha en que se puso a cero nuestro calendario. Dicho en otras palabras, la cristiandad —y todo Occidente, de paso— está viviendo una mentira colosal, un cuento deliberadamente corregido y aumentado oportunamente por los jerarcas de la Iglesia para que estas conmemoraciones coincidan con festejos que se remontan a la noche de los tiempos, ceremonias primitivas que celebraban el renacer de la Tierra luego de que, tras el solsticio de invierno, el Sol comenzara de nuevo a elevarse sobre la línea del horizonte en vez de ir desapareciendo poco a poco con el paso de los días. La amenaza no era ciertamente menor: un futuro de tinieblas, ni más ni menos. De ahí que la restitución anual del mismo orden de siempre mereciera, cada vez, ritos de agradecimiento a los dioses y, de la misma manera, festejos tan paganos como los de ahora (quien sea capaz de registrar el frenetismo de la gente en esta temporada, su fiebre consumista y desaforada impiedad no podrá menos que preguntarse si el motivo de la celebración es de naturaleza religiosa).

Y todo esto, encima, en el hemisferio norte ignorando olímpicamente que en la otra mitad del planeta las cosas son exactamente al revés: culmina el verano, la luz del día dura mucho más que la oscuridad, no caen copos de nieve ni están tampoco encendidas las chimeneas. Los seres humanos, por lo visto, estamos convencidos de que el mundo se termina en nuestro ombligo y a lo mejor nos ayudaría, a muchos de nosotros, que en las escuelas comenzaran a enseñarnos mapas con los continentes de cabeza, esto es, con el Sur colocado en el lugar del Norte.

Miren ustedes hasta dónde pueden ir las cosas: hace algunas semanas comenzó a agitarse grandemente cierto sector del personal esotérico del planeta: iba a ocurrir una fecha “única” en el calendario, el 11 del 11 de 2011; y si a ello le añades que pudieran sonar las 11:00 de la mañana —eso sí, en diferentes momentos debido a la división del globo terráqueo en meridianos(o, por qué no, también las 11:00 p.m, para vivir el momento por partida doble)—resulta que las coincidencias numéricas eran en verdad estremecedoras, de naturaleza obligadamente cósmica y, por lo tanto, entrañando consecuencias y efectos directísimos en la “energía” que uno pudiera “absorber”; algo así como un solsticio en Teotihuacan pero en versión macro (luego entonces, había que olvidar, por lo pronto, el calendario hebreo, el budista, el chino y cualquier otro donde estos números no contaran. Y desconocer, de un plumazo, a esa sustancial parte de la humanidad que no se acoge al calendario gregoriano más que para celebrar las consabidas operaciones comerciales e intercambios que impone la globalidad).

De la misma manera, el traído y llevado calendario maya anuncia, según dicen, el fin de una era particular, o algo así; y, naturalmente, ya se excitan también otros grupos de supersticiosos que, aprovechando la revelación, nos avisan de catástrofes nunca vistas, cambios irreversibles y, entre otras cosas, la cancelación definitiva de cualquier posibilidad de “reencarnación” en el futuro (aunque, a decir verdad, no sé si esta última revocación —un tema un tanto deprimente, si lo piensas— tenga algo que ver con los mayas o si sea un asunto, digamos, “astral” propiciado por otras fuerzas).

En fin, hoy comienza un nuevo año y no podemos negar la importancia que tiene lo simbólico en nuestras vidas. Y necesitamos, de cualquier manera, catalogar las cosas, asignarles números de referencia y dividirlas en una clasificación que nos facilite la visión del mundo.

El 10 de enero de 2009, los mayas festejaron el año 5196. El 16 de septiembre de 2012 concluirá al año 5772 del calendario hebreo. Hoy, para nosotros, comienza 2012. Lo que toca, entonces, es desearles a ustedes lo mejor, amables lectores. O sea: ¡Feliz Año Nuevo!

Román Revueltas Retes/mileniodiario

Deja un comentario