Documentalismo fotográfico

Documentalismo fotográfico

En una breve charla sobre documentalismo fotográfico que tuve esta semana con un grupo de alumnos de la Escuela Media Nº 2 de mi ciudad me referí a la famosa fotografía del reportero Kevin Carter en la que se ve a una niña desnutrida que apenas puede sostener el equilibrio sobre sus piernas flexionadas y sus brazos apoyados en el suelo, mientras detrás de ella aparece un buitre que espera que ese débil cuerpecito se convierta en su alimento. La imagen fue captada en 1994 en Ayod, una aldea pequeña de Sudán, y recibió ese mismo año el premio Pulitzer de fotoperiodismo. 

Según se supo después, la niña estaba a tan sólo cien metros (algunas fuentes dicen mil) de distancia de un campamento de ayuda de las Naciones Unidas e intentaba llegar hasta ese sitio para pedir comida; sin embargo, el fotógrafo cumplió con su trabajo de retratar la terrible escena y se retiró del lugar sin colaborar con ella. En otras palabras, Carter hizo una de las fotografías más representativas y dolorosas sobre el hambre en el continente africano, capturó una de las más impactantes imágenes de la historia del fotoperiodismo, pero no intervino sobre la realidad. Nadie supo jamás qué ocurrió con la nena.

Tiempo después, cuando la fotografía resultó premiada y se publicó en las portadas de los diarios y revistas más importantes del mundo, el reportero sufrió un duro golpe anímico al caer en cuenta de que la gente se preocupaba por conocer la suerte que había corrido la pequeña y que él no había hecho nada por ella. Es muy posible que Carter, acostumbrado a ver el dolor del pueblo africano desde dentro durante muchos años, no se haya alarmado por lo que vio a través de la lente. No obstante, el dilema ético que se le planteó al ser premiado por la foto fue tan profundo que al recibir el Pulitzer declaró: “Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”. Tres meses y medio después de obtener el galardón, angustiado por la culpa y afectado por el consumo de drogas, Kevin Carter se quitó la vida. 

El fotógrafo había nacido en Sudáfrica en 1961, intentó estudiar la carrera de farmacéutico pero descubrió que no era lo suyo, poco después sobrevivió a un intento de suicidio al ingerir un cóctel de pastillas y veneno y luego debió enfrentarse al servicio militar obligatorio, del que quiso desertar pero terminó retirándose a causa de las heridas que sufrió al estallar una bomba que mató a otras 19 personas que estaban en el mismo sitio que él.

Tras esquivar la muerte dos veces, el joven Kevin Carter decidió que era tiempo de vivir y se empleó en una casa de venta de artículos fotográficos, lugar donde se despertó su interés por el tema. Más tarde comenzó a colaborar con el diario Johannesburg Sunday Express como fotógrafo de deportes, luego pasó al Johannesburg Star y finalmente se integró a los primeros grupos de fotógrafos blancos independientes que, preocupados por el apartheid, retrataban la violencia y la crueldad del régimen con el claro propósito de despertar la conciencia del mundo sobre los abusos contra las personas de piel negra en su país.

Por su arriesgada forma de trabajar durante los enfrentamientos entre los grupos antiapartheid y las fuerzas del gobierno sudafricano, Carter y otros reporteros blancos amigos suyos recibieron el nombre de El Club Bang-Bang.

La fotografía descripta y publicada más arriba se hizo conocida al ser incluida en una edición del New York Times, y tiempo después obtuvo el Pulitzer. Tras alcanzar prestigio y reconocimiento gracias a la imagen de la niña desnutrida, Kevin Carter fue a trabajar a la agencia fotográfica francesa Sygma, descartando una oferta que le hizo la prestigiosa Magnum.

En 1996 el grupo musical Manic Street Preachers incluyó en su disco Everything must go una canción llamada Kevin Carter, que habla del suicidio del fotógrafo. Por otra parte, en el año 2004, el director estadounidense Dan Krauss realizó un documental sobre la vida de Carter que se llamó originalmente The Life of Kevin Carter. Este trabajo fue nominado en 2006 a un premio Oscar en la categoría corto documental bajo el título The Death of Kevin Carter: Casualty of the Bang Bang Club (La muerte de Kevin Carter: Baja del Bang Bang Club).

Extraído de un reportaje del periódico La Vanguardia año 2006

Kong Nyong, que así se llamaba la niña, falleció de una fiebre hace 4 años y no por ser alcanzado por el animal.

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