Réquiem por el creador de los Doritos

Por: Mikel López Iturriaga

Arch lee doritos

La persona responsable de que los Doritos existan, Arch West, murió la semana pasada a los 97 años. Teniendo en cuenta que el dorito en sí mismo no ha supuesto un avance gastronómico fundamental para la Humanidad, bien puede uno quedarse frío ante la noticia. Pero hay detalles interesantes en la trayectoria y el deceso de este buen hombre que incitan al comentario.

El primero es que cuando le entierren este sábado, la familia va a tirar doritos encima del ataúd en plan homenaje, según ha dicho su hija Jana al periódico ‘Dallas Morning News’. Por suerte ha especificado de qué sabor (clásico), así que no habrá que esperar a que se celebre el sepelio para confirmar este importante dato. A título personal, apoyo la decisión de la familia al respecto: por un lado, los doritos normales pegan más con el tono sobrio que debe imperar en esta clase de actos y, por otro, no desprenden el pestazo de los de sabores, capaz de marear a cualquiera en el viaje al otro mundo.

Además, a Mr. Dorito no le gustaban demasiado las extravagantes variedades de su invento que la compañía Frito-Lay había desarrollado en los últimos tiempos. Su hija afirma que hace unos meses probó un dorito con sabor a hamburguesa con queso y lo escupió, en un acto que dice mucho de su sensatez.

Simpatizo con West porque fue una especie de visionario. En los sesenta, cuando en Estados Unidos pocos sabían de qué iba un nacho, él intuyó que los triangulitos fritos de maíz que comían los mexicanos en el sur de California contaban con un gran potencial. La compañía de la que era vicepresidente de marketing, Frito-Lay (fabricante de los Cheetos y los Fritos), acogió con frialdad la idea de producirlos, y no se convenció hasta que empezó a ver las ingentes ventas en la zona del país donde West lo había estado probando de tapadillo.

Nuestro héroe también desarrolló la técnica de juntar en el mismo estante del supermercado dos de las cosas que más acidez te pueden dar del mundo, los Doritos y las salsas tex-mex de bote. A pesar del éxito que alcanzaron sus descubrimientos (en los setenta ya eran los chips más vendidos en Estados Unidos), nunca cobró royalties por ellos: por muy brillantes que fueran los hallazgos, en las compañías de snacks no había sitio para los derechos de autor.

La muerte de West puede ser un buen momento para hacernos una pregunta crucial: ¿por qué nos atrae tanto el dorito? Yo diría que porque cruje, sabe a maíz tostado, tiene grasaza (conductor de sabor) y es gustosamente salado y especiado. Y también por su ingente cantidad de calorías y de sodio (concretamente, 260 y 360 miligramos por cada bolsa pequeña), que nos proporciona placer a la vez que nos hace sentir culpables. Además, su consistencia es perfecta para untar salsas espesas o para recoger pastas como el guacamole. En resumen, que se trata de una guarrería maligna, tan bien diseñada que nos incita a pecar.

Doritos

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