Otra afición viuda

Otra afición viuda

Algo pasa cuando un equipo desaparece, su muerte conmueve. Será porque se despiden uniformados o en cumplimiento del deber. Dieron la vida por el equipo. O quizá la muerte que a veces parece elitista muestra respeto por el deportista con su armadura de ídolo y nos hace pensar que son invencibles, equivocación, nosotros los hacemos inmortales. Esta semana al filo de un aeropuerto murió el Lokomotiv 2011 y lo hizo entero, junto, en formación. Un club desconocido de hockey sobre hielo cayó en el Río Volga. Otra lápida para un estadio, miles de velas, flores y un sepelio de banderas y bufandas. Se unió al Torino del ´49 y al Manchester United del ´58. Equipos a los que un accidente dio vida. Kevin Costner en el Campo de los Sueños pensaba que había un cielo para beisbolistas, buena idea, revivió a Joe Pies Descalzos Jackson.

A dónde van los equipos cuando mueren, no se sabe, pero sí sabemos qué uniforme llevarán siempre. Impacta por inesperado, la afición iba a verlos jugar, pero no llegaron, ahora es viuda, no tiene a quién irle. Dicen que Senna sabía cuándo iba a morir, así que prefirió correr como si ya nada pudiera evitarlo. La suya es la más escalofriante de todas, iba primero, era campeón. Antes de tomar la curva de Tamburello seguro que intentó rebasarla, pero ese día la meta era él. Fue un ruido cobarde, arena y grava. Después temblor en las manos, los ojos perdidos, pero ni una lágrima. Y luego un poco de frío; recuerdos, banderas, medallas, tribunas y vallas. Entonces mucha gente, sirenas, murmullos, silencio, un suspiro y una desgracia. Senna moría en vivo. Casi todos nos acordamos dónde estábamos el día que pasó. Es curioso, el deporte es el único lugar donde la muerte vuelve inmortales a los hombres.

José Ramón FernandezG. de Quevedo/mileniodiario

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