La tentación de salir a matar y exterminar a los malos

La tentación de salir a matar y exterminar a los malos

Los hechos de la semana pasada en Veracruz pueden servir, cuando menos, para poner sobre la mesa un asunto del que hemos venido escuchando hablar en voz baja sin prestarle atención. Parece que ha llegado la última calamidad que nos faltaba en la pesadilla de la violencia y el horror: las brigadas de aniquilamiento, los escuadrones de la muerte, los grupos paramilitares, o como se les quiera llamar.

El argumento de los promotores es simple: no hay de otra. Simple: quienes provocan tanto dolor, no merecen vivir. Simple: con las reglas que existen, los criminales serán cada vez más poderosos: hay que erradicarlos.

Existe evidencia de sobra para saber cómo comienza y acaba esa tentación de los buenos exterminando a los malos, sin ley ni contemplación de por medio. Se parte del espejismo de que en seis meses, un año, dos, los malos serán borrados de la faz de la Tierra y las cosas volverán a una normalidad. Pero eso muy rara vez ocurre.

Se da en cambio un crescendo de la violencia. Los grupos de aniquilamiento (institucionales o privados) se salen de control y llega el momento en que ya no se sabe qué banda, ejército, agrupación, guardia blanca mató a quién, ni quién secuestra y extorsiona.

Veracruz, Tamaulipas, Nuevo León no pueden seguir esa ruta. Es comprensible la desesperación y frustración de algunos gobernantes, empresarios, ciudadanos, mandos militares. Pero la historia es clara y despiadada con ese tipo de tentaciones. El costo suele ser infinitamente más alto que el presunto beneficio que se espera obtener.

Aun en la oscuridad, México 2011 no puede ser un asunto de buenos contra malos. Es de instituciones contra criminales. Pensar lo primero es condenarnos. Realmente condenarnos.

Ciro Gómez Leyva/mileniodiario

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