La dimensión moral

La dimensión moral

En la violencia que sacude a México hay la estadística escandalosa y el escándalo moral.

Las cifras son graves, pero grave también es el escándalo, es la brutalidad a la vez sanguinaria y moralmente insensible de los criminales.

Dice el escritor Héctor de Mauleón, subdirector de la revista Nexos, que hay una dimensión moral de lo que pasa en México que no es explicable con variables sociológicas, estadísticas homicidas o tesis criminológicas.

Lo mismo ha sugerido Jesús Silva-Herzog Márquez en su artículo de este lunes en el diario Reforma. Hay algo que explicar de la zona límbica mexicana, más allá de las razones políticas o históricas, algo que indagar en el ámbito de los valores, o la falta de valores, en el poso de esa indiferencia moral que marca, con líneas de fuego, los episodios ascendentes de la violencia mexicana.

Pienso en el rasgo entre oligofrénico y amoral de los tipos que incendian el casino Royale de Monterrey, matan a 52 personas y al saberlo no parecen tener rasgo alguno de culpa o arrepentimiento. Sólo dicen: “Se nos pasó la mano”.

Cómo explicar esta frialdad extranjera, digna precisamente de El extranjero de Camus, una frialdad sin culpa de una violencia sin límites ni remordimiento. Hay la violencia y hay el mal. Parte de nuestra violencia de pronto da la impresión de pertenecer al terreno del mal, más que al del crimen.

No al mal banal, sino al mal inconsciente de sí, incapaz de culpa o escándalo por su transgresión absoluta de los límites previos.

Es como si la violencia fuera rompiendo umbrales de autocontención, destruyendo a marchas forzadas los límites de lo admisible, lo tolerable, lo imaginable.

Como si no se tratara sólo de matar, sino de matar con rasgos de saña que parecen no sólo innecesarios sino aberrantes, al punto que sólo pueden explicarse porque quieren precisamente eso, desbordar los límites, tocar a un más allá de vesania y crueldad, que tiene su propia metafísica o acaso, nada más, su propia lógica de inconsciencia, ceguera, insensibilidad moral.

Inquieta la reserva de sadismo que asoma y salta umbrales en el paisaje de la violencia mexicana. Quizá es la que acaba apoderándose del corazón de toda sociedad que entra en un túnel inesperado de violencia

Hector Aguilar Camín/mileniodiario

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