El portaaviones de hielo llamado a «revolucionar» la guerra

La Segunda Guerra Mundial no sólo generó la mayor tragedia protagonizada por el hombre. Entre toda la devastación, surgieron innovaciones técnicas como la idea de un barco de guerra con un casco de hielo.

Un prototipo de hielo y serrín llegó a construirse durante la Segunda Guerra Mundial

Un prototipo de hielo y serrín llegó a construirse durante la Segunda Guerra Mundial

A finales de 1942, Lord Louis Mountbatten, el jefe militar británico de Operaciones Combinadas, visitó a Winston Churchill en su residencia oficial en Chequers. Mountbatten llevaba consigo un proyecto de gran importancia que no podía esperar. Interrumpió el baño que recibía el primer ministro en ese momento para presentarle su innovación: «Tengo un bloque de un nuevo material que me gustaría poner en su bañera», dijo Mountbatten. El material, aparentemente, era un trozo de hielo que sin embargo se resistía a deshacerse entre el calor del agua y el vapor.

La «revolucionaria» idea se enmarcaba en la necesidad de construir más rápido según las necesidades que marcaba el conflicto, y ante el temor de no contar con suficiente acero en el futuro para mantener el ritmo de fabricación de vehículos y barcos de guerra.

Tan impresionado estaba Churchill con la propuesta que se pronunció al respecto atribuyendo «la mayor importancia para el examen de estas ideas. Las ventajas de una isla flotante, si sólo se utiliza como depósitos de reabastecimiento de combustible para aviones, es tan deslumbrante que en este momento no debe ser discutida».

El autor del proyecto era Geoffrey Pyke, corresponsal de guerra, profesor e inventor, que pretendía crear el mayor portaaviones visto incluso para los estándares de hoy en día. Todo ello a partir de su propio material original, denominado «pykreto», compuesto de un 86 por ciento de hielo y un 14 por ciento de serrín. El material iba protegido contra la erosión por un aislante que le permitiría soportar las condiciones normales del tiempo en alta mar y el embate de las olas.

Un componente más fácil de producir en grandes cantidades que el acero. El hielo se derretía, pero de una forma mucho más lenta, y podía ser reparado en el mar con el agua sobre la que flotaba la propia embarcación.

Dos mil metros de largo

Pyke obtuvo para el proyecto su propia denominación oficial militar: «HMS Habacuc», un portaaviones de 2.000 metros de largo, 300 de ancho, y construido con cuarenta metros de bloques de «pykreto».

Su gigantesca estructura albergaría más 200 aviones de combate o un centenar de bombarderos, y tendría una tripulación de 404 oficiales y 3.216 suboficiales y tropa. El costo de un buque se estimó diez millones de euros.

Un prototipo de 20 metros de largo fue construido en el lago Patricia en dos meses por una cuadrilla de 15 hombres. Después de algunas dificultades iniciales, la estructura se mantuvo congelada hasta casi el final del verano siguiente.

Sin embargo, el proyecto chocó con el clima demasiado caliente del Pacífico y con la lejanía de Alaska como para dar el servicio necesario. La junta mixta que se encargaba del desarrollo, informó el 16 de diciembre de 1943 que no podía llevarse a cabo sin interferir seriamente con otros planes de mayor prioridad. En consecuencia, el proyecto «Habacuc» fue abandonado por las autoridades aliadas.

I.Blanco/larazon.es

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