El peor Grito de mi vida

El peor Grito de mi vida

No sé cómo lo vivió usted en su casa o con sus amigos, pero para mí, el Grito de este año fue el peor de mi vida.

Por un lado, el comentario honesto, en diferentes lugares, de muchísimas personas que decían que celebrar el 15 de septiembre era una aberración considerando todo lo malo que estaba y está pasando en diferentes puntos del país.

Por el otro, la inocencia de miles de mexicanos que con su mejor espíritu se caracterizaron para la ocasión y se reunieron con sus familias para festejar en grande, bailando, cantando, comiendo, bebiendo.

Y en medio, amenazas para las páginas de internet del gobierno, verbenas con menos gente de la esperada y unas coberturas mediáticas particularmente delicadas, terribles.

¿Cómo gritar ¡Viva México! con tantas ciudades devastadas por la violencia, con tantas matanzas sin resolver, con tantas injusticias, con tanto miedo, con tanto odio y con tanto dolor?

¿Cómo no gritar ¡Viva México! si eso era lo que gritábamos cuando nos juntábamos con los abuelos, cuando nos enseñaban el juramento a la bandera en las escuela y cuando no sentíamos orgullosos de nuestras raíces?

¿Cómo gritar ¡Viva México! cuando en la pantalla de la televisión en lugar de promovernos una de las ceremonias más hermosas de nuestra nación, nos promovieron a un sospechoso grupo de gobernadores?

¿Cómo no gritar ¡Viva México! cuando creemos en lo que somos, cuando reconocemos nuestros valores, cuando compartimos la alegría de algo que no tiene que ver ni con la política, ni con la guerra ni con la economía?

Qué noche tan espantosa. Además de que en las celebraciones de la Ciudad de México llovió como para que nos pusiéramos más tristes, todavía pesa el recuerdo de la hipocresía del año pasado.

¿Se acuerda usted de los festejos del Bicentenario? ¿Del tiradero de dinero, del desfile y del Coloso? ¿Ya se acordó de las barbaridades que se dijeron durante las transmisiones en vivo?

¿Y de qué sirvió todo aquello? ¿Adónde fueron a parar todos esos carros alegóricos? ¿En qué tiradero de basura colocaron al flamante Coloso?

Ya, el colmo, ¿dónde está el maravilloso monumento al Bicentenario que tanto nos platicaron y que tanto nos costó?

¿Será posible que haya pasado más de un año de que aquello debió haber estado en su sitio y que sus responsables no tengan para cuándo terminarlo?

Más vale que ya ni lo levanten, porque para lo único que va a servir va a ser para que enemil instancias atenten contra él de a tiro por viaje por todo lo que va a representar.

¡Qué vergüenza de autoridades tenemos! ¿Con qué cara nos van a inaugurar eso en una fecha que no tenga nada que ver con el Bicentenatrio de la Independencia?

¿Con qué cara después de todos los monumentos que se han inaugurado oportunamente en el resto de América Latina?

¿Y si se cae? ¿Y si la tiran? ¿Y si todo este atraso ha sido a propósito?

Si el mero 15 de septiembre aparece un grupo de internautas amenazando al gobierno sin que nadie lo identifique, lo capture ni nada, ¿quién le dice a usted que no va a aparecer otro para aniquilar algo que ni pedimos ni queremos?

La bronca no es el monumento, la bronca es que este proyecto se suma a una larga lista de obras mal hechas, mal entregadas (o sin entregar) e invariablemente carísimas que lejos de alimentar nuestro orgullo nacional nos confirman que aquí cada quien hace lo que quiere.

No importa si se trata de edificios con un valor simbólico, de obras directamente solicitadas por nuestros más altos poderes, del dinero de nuestros impuestos o de lo que le vamos a dejar a las generaciones del futuro para que nos critiquen.

Lo que importa es celebrar a México, cantarle “Las Mañanitas” y pasarla bien.

¿Usted se la pasó bien la noche del 15 de septiembre? ¿Tan bien como otros años? ¿No hubo algún momento en que dudara, en que lo embargara una sensación de incertidumbre, en que hubiera preferido que la fiesta fuera más de a de veras?

Yo me siento muy triste. Me cuesta mucho celebrar a sabiendas de que no hay paz, a sabiendas de que hay muchos mexicanos muriendo, a sabiendas de que tengo que fingir para darle un buen ejemplo a los niños.

Éste ha sido, definitivamente, el Grito más doloroso de mi vida. ¿Cómo va a ser el siguiente? ¿Usted cree que las cosas vayan a cambiar de aquí a entonces? ¿Lo cree?

Alvaro Cueva/mileniodiario

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