¡Búscate una vida!

¡Búscate una vida!

¿Qué es tener una vida? En principio parecería bastante obvio. Digo, todos los que pululamos por el planeta estamos vivos y, en teoría, cada uno debería tener una vida propia. El cómo vivimos es una decisión personal. Cada uno elije sus prioridades. Éstas cambian dependiendo el momento en que nos encontramos y nuestros intereses. Para algunos, la prioridad será el trabajo; para otros, el tiempo en familia o el deporte. Habrá quienes pongan a el reventón en el lugar número uno de sus prioridades. Crecer, aprender, trabajar, estar con la familia y amigos ya es bastante. Así, quien tiene una vida plena, no le queda mucho tiempo para ocuparse de la de los demás.

Me pregunto si la carencia de una vida plena es lo que te hace estar pendiente de la de los demás o viceversa. Me inclino por la segunda opción. El pasar mucho tiempo entrometiéndote, cuestionando y opinando acerca de lo que hacen otros, no deja tiempo para tener una vida plena e interesante. A fin de cuentas, el resultado es el mismo: en vez de ocuparte de tus asuntos y problemas te pasas pensando, hablando o teorizando sobre lo que otros hacen, dejan de hacer o deben de hacer.

Siempre han existido medios para enterarnos de la vidas de otros; sin embargo, actualmente la tecnología lo ha hecho más fácil. Hay quienes usan las redes para socializar, promover negocios e informarse; también hay quienes las utilizan únicamente para informarse sobre la vida de los demás. “¿Viste en Facebook que Fulano tuvo un bebé?” o “¿Viste que Fulanita ya tronó? Puso soltera en su estatus”.

Los trolls de Twitter, que casi siempre se esconden bajo el anonimato, son un magnífico ejemplo de personas que no tienen una vida. Pueden pasar horas molestando a un político, actor o comentarista. Cual cazadores, están al pendiente de cada movimiento de su presa. Cuando detectan una falta de ortografía, o cualquier error, aprovechan la situación para (desde su cobarde anonimato) criticarlo o denostarlo; porque es lo que los hace sentir que están vivos.

En vez de pasarse la vida criticando lo que opinan, hacen o dejan de hacer los demás, deberían buscarse una vida.

Gonzalo Oliveros, en el programa de radio Coup d’ etat comentó que existe una manera para saber tu nivel de influencia en Twitter: Divides el número de tus twits entre el numero de seguidores, si la cifra resultante está en decimales significa que eres una celebridad. Si el número resultado de la división, está entre el uno y diez significa que eres popular. Si bien no eres celebridad, tienes influencia entre tus seguidores, ya que a pesar de que twiteas poco, te siguen porque consideran que dices cosas interesantes o importantes. Si el resultado de la división está entre el once y el veinte: empiezan a prenderse los focos rojos y tienes que trabajar más en el contenido de tus twits, ya que pasas mucho tiempo en internet para tan pocos resultados. Más de 20 es un indicador claro que debes de dejar el Twitter y buscarte una vida. Frecuentemente, los trolls están en esa cifra. Ellos dedican la mayoría de sus twits a molestar a otros o a retwitear todo lo que creen que apoya su punto de vista.

Para quienes no utilizan medios cibernéticos, una buena medida para saber si nos ocupamos más de la vida de otros que de la nuestra es el número de horas que dedicas al chisme. Si pasas muchas horas viendo programas de chismes de famosos y compras todas las revistas del tema, y opinas de todo lo que hacen los “famosos”, sin duda eres un caso serio. Sabemos que la fama tiene un precio alto. El cantante estadunidense, nacido en Puerto Rico, Ricky Martin, dijo alguna vez: “La comunidad homosexual quiere que yo sea gay. La comunidad heterosexual quiere que yo sea heterosexual. Cada periodista piensa: yo soy el periodista que va a hacerlo hablar. Yo ruego por ellos. Rezo para que se consigan una vida ¡y dejen de vivir la mía!”.

Hay a quienes no les importa la vida y milagros de los famosos o de la realeza, pero viven pendientes y criticando todo lo que hacen sus amigos y conocidos. En vez de dedicarse a resolver sus problemas y ocuparse en sus obligaciones, reprueban todo o casi todo lo que hacen los demás. Quizá lo más molesto de este grupo sea su postura santurrona y la facilidad con la que etiquetan a los demás con sellos inamovibles. Basta que una vez alguien llegue tarde para que sea tachados de impuntual crónico de por vida por esta gente. Lejos de hacer algo por ayudar, se la pasan hablando a su espalda.

Pasar horas preocupándonos por las vidas de otros es una mala inversión de nuestro tiempo, ya que no mejora ni aporta nada a nuestra vida. Es una señal de que estamos viviendo a través de otros. El interés desmedido por la vida de los demás es el triste reflejo de que nuestra vida no es interesante, ni siquiera para nosotros mismos. Si es tu caso: ¿Qué esperas? ¡Búscate una vida!

Fernanda de la Torre/mileniodiario

 

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