Vida de las contraseñas

Vida de las contraseñas

Tengo una contraseña para entrar en este blog. Otra contraseña me sirve para entrar en el correo de El País; una más me sirve para mi correo de gmail, donde tengo más capacidad de almacenamiento, y que me aconsejó Rafael Azcona. Una contraseña sirve para abrir las puertas, otra es necesaria para sacar dinero del cajero, o para meterlo, si se diera el caso, una contraseña me identifica con la ínea aérea que me dio una tarjeta, una contraseña me servía en el cuartel para identificar mis pertenencias, pero la contraseña me duró poco, porque estuve allí tan solo dieciséis días, y luego me declararon inútil por asmático. En general estamos bajo la sombra de las contraseñas. La contraseña es el guiño que uno le hace al secreto; te ayuda a preservarlo, te preserva a ti mismo, te da seguridad o confianza, es como el resguardo de una consigna. En una consigna me robaron hace un año ahora mi ordenador, mis notas, se llevaron, en cierto modo, contraseñas que a su vez ellos, los ladrones, habrán convertido en contraseñas distintas; ellos habrán querido preservar, también, los secretos que habrán metido donde yo creí tener secretos. Ahora, al entrar aquí, me he dado cuenta de lo frágil que es cualquier secreto, lo deleznable que es cualquier contraseña. Vivimos de memoria; si un día se volatiliza la memoria, qué sería de nuestras contraseñas.

Juan Cruz/http://blogs.elpais.com/juan_cruz/

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