No es la tecnología, es la gente

No es la tecnología, es la gente
Desde los sucesos de la primavera árabe que arrancaron en 2010, el análisis de cada nueva revuelta popular parece bloquearse en un discurso demonizador sobre la tecnología.

Las recientes protestas británicas y la subsiguiente pretensión del gobierno de controlar las redes sociales, no son más que la última manifestación de la incapacidad del poder político para entender hasta qué punto han cambiado las reglas de juego en el espacio de la comunicación pública.

Las redes sociales y la mensajería sobre dispositivos móviles no hacen más que amplificar todo lo bueno y también todo lo malo que tenemos en nuestras sociedades, pero no son los causantes de los conflictos sino los canales mediante los que se vivifican.

El descontento social encuentra un cauce de expresión natural en las herramientas que la gente tiene a su disposición, comenzando por unacacerola y siguiendo por un móvil, pero no resulta razonable achacar a esos instrumentos la causa de las protestas.

Posiblemente seamos los propios apóstoles de la tecnología los que debamos comenzar por rectificar un discurso que, en demasiadas ocasiones, se mueve entre lo mágico y lo mitológico a la hora de explicar el potencial de las herramientas que nos fascinan

José Luis Orihuela/http://www.abc.es/blogs/jose-luis-orihuela

 

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