Los consejos de Colombia

Los consejos de Colombia

En el otoño de 2006, antes de asumir el poder, Felipe Calderón tuvo un encuentro con Juan Manuel Santos, entonces ministro de Defensa colombiano, en pos de consejo. Lo que escuchó confirmó su determinación para decretar como primer acto de gobierno la llamada guerra contra las mafias del narcotráfico.

El mismo Santos, hoy convertido en presidente de la nación sudamericana, trajo ayer hasta México un nuevo paquete de ideas precisas. Pero recordó cuando en aquella oportunidad Calderón explicó su principal inquietud respecto de las bandas criminales con un argumento inquietante: ahí donde el narcotráfico ha penetrado se imponen el silencio, el disimulo, la complicidad. 

Santos explicó que Colombia tuvo su propio periodo de silencio, que se extendió por décadas, hasta llevar a su país al extremo de ser “casi un Estado fallido”, donde las mafias “doblegaron” a la democracia hasta llevar a la Constitución la prohibición de las extradiciones. Y luego refirió determinaciones esenciales de la solución colombiana, como llevar a la cárcel a centenares (cerca de 400) de funcionarios públicos de diversos niveles, incluidos al menos 30 legisladores, como producto de un acuerdo entre partidos para limpiar a la vida pública de la narcopolítica.

El mandatario colombiano, que acudió a Mérida a la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), pronunció un amplio discurso que centró en el caso mexicano. Y adelantó una frase contundente: en Colombia no hay condiciones para el resurgimiento de grandes capos. Los que hubo están en la cárcel o en la tumba.

En alusión indirecta a las voces que en México sugieren la necesidad de pactar con los cárteles, Santos advirtió que “contemporizar es sucumbir”. La violencia en su país, dijo, los despojó de sus mejores políticos, sus mejores jueces, policías y periodistas, pero Colombia decidió mantener su determinación, sin minar las bases de una convivencia democrática.

Santos, quien durante años fue directivo de El Tiempo, el principal diario colombiano, planteó también algunas lecciones para la prensa, entre ellas comprender que las mafias buscan utilizar a los medios para minar la confianza social sobre la tarea que está desarrollando el gobierno. Que en ese sentido actúan las coberturas periodísticas que se reducen a presentar hechos violentos, incluso a exagerarlos.

La prensa colombiana entendió que debía presentar un frente común frente a la violencia, sin sometimiento alguno frente al gobierno, pero distinguiendo su papel en una tarea de la que depende el futuro del país.

Santos no lo dijo, pero a la luz de la experiencia colombiana habría que concluir que a México le falta todavía un largo tramo por recorrer. Y cada escala representa sufrimiento.

 

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