Los asalariados de mierda

Chinga a tu madre, pinche asalariado de mierda.” Ése es uno de los tantos insultos que un par de mujeres le lanzaron a un policía capitalino cuya falta fue cumplir con su deber al detenerlas en un punto del alcoholímetro en la acomodada zona de Polanco.

En el video que se subió ayer a YouTube, (y que se ve al teclear Damas de Polanco), se puede ver la triste manera en que un oficial recibe los insultos y las amenazas del par de mujeres alebrestadas. Hace unos días también se vio un video en el que comerciantes se van a los golpes contra policías. En el fondo, eso ocurre porque no se le tiene temor a la policía. En otros países, meterse con un policía es un delito grave.

Entre otras cosas, el episodio de las mujeres marca con claridad el clasismo existente en esta ciudad. “No te tengo miedo, cabrón”; “¡Súbelo con López-Dóriga y con el pinche Loret de Mola!”, grita una a quien filmaba el video. Al oficial se le dejan ir a los golpes. “Pinche puto”, lo retaban. También se deja ver claramente el trabajo de quienes han puesto todo su empeño en dejar a un lado a los narcos y criminales, y no hacen más que señalar a las autoridades como responsables de lo que sucede. “Asesino”, le espeta una al pobre hombre que esquivaba las cachetadas. La otra le suelta: “Por putos como ustedes este país está que se lo lleva la verga.” La verdad, es que es al revés. El país está así, entre otras cosas, porque durante años, personas como estas señoras han hecho valer sus influencias para ganar impunidad. No en balde una de ellas grita al final la frase acuñada en los años de gloria de la prepotencia, que contiene la abierta amenaza de perder la chamba o cosas peores: “No saben con quién se están metiendo, cabrones.”

Es probable que los policías no supieran, en efecto, con quien se metieron. Pero ellas sí sabían que se metían con la autoridad, con la policía, por lo tanto no tenían preocupación alguna. De esa manera uno se puede explicar que, en algunas regiones, un policía intente detener a verdaderos delincuentes y éstos le pasen por encima sin miramiento alguno.

Ojalá el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, deje de andar un rato de manita sudada con su nueva novia y haga algo por restablecer la dignidad de ese oficial y de los que lo acompañaban. Que ubique y sancione como corresponda a tan distinguidas mujeres. Porque no fueran los jóvenes humildes del New’s Divine porque los dejan morir encerrados, pisoteados y de asfixia; o humildes policías en Tláhuac porque se les deja morir quemados por una turba.

Uno de los grandes problemas que tenemos como sociedad es el inexistente respeto que se tiene en amplios sectores por policías y soldados. Nunca hay una expresión de dolor pública por parte de organizaciones sociales por un policía, un soldado, un marino que muere en el cumplimiento de su deber: en la persecución de criminales, en el rescate de un secuestrado, en un operativo. Ellos también han sido víctimas.

Mientras nosotros como sociedad no demos también un paso para tratarlos con respeto y dignidad serán, en efecto, unos “asalariados de mierda”, pero que no moverán un pie para ayudar a la ciudadanía que no para de insultarlos y humillarlos.

Juan Ignacio Zavala/mileniodiario

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