Jerséis de cuello cisne

Jerséis de cuello cisne

Un amigo de l’Ametlla de Mar ha invitado al tío Baixamar a su pueblo y hoy no me acompaña. Sin embargo, antes de partir, me ha llamado la atención sobre un artículo que el pasado jueves publicó en este diario Julià Guillamon, titulado Tejanos de tergal y que se me había pasado. El viejo pescador me ha dicho: “Léelo, seguro que encuentras inspiración”. Tenía más razón que un santo. El amigo Guillamon habla, en su papel, de aquellos pantalones que parecían tejanos pero no lo eran de verdad y se vendían porque los de algodón, a ojos de nuestros padres, “eran ordinarios”. El asunto es más sofisticado de lo que parece. “A diferencia de los tejanos de algodón –anota Guillamon con agudeza–, que se veían sucios, el tergal conservaba el prestigio del material industrial, práctico y asequible que, al mismo tiempo, era limpio y señor”. Lo confieso, yo también llevé aquella réplica mesocrática de tejanos.

La asociación ha sido inmediata, mecánica. Leído el artículo, he pensado en los jerséis de cuello cisne que constituyeron una de las torturas más extendidas de nuestra infancia. Me imagino que las dos prendas de vestir aparecen en alguna fotografía de mis siete u ocho años y por eso lo pongo todo en el mismo saco. El jersey de cuello cisne (muy del gusto de nuestras madres porque también era “limpio y señor” y práctico) acostumbraba a oprimir de manera intensa el cuello de las criaturas, lo cual era más que desagradable y, según cómo, también picaba. Los picores y opresiones que producía este tipo de ropa, supuestamente moderna a primeros de los setenta, es de mal recordar estos días de altas temperaturas. Toda una generación, que ya tenemos cuarenta o más, fuimos niños vestidos con jerséis de cuello cisne, pero no nos sublevamos, ni tan sólo nos indignamos. ¿Qué lo impidió? Era otra época y los críos todavía no habían elaborado un criterio sobre la moda, como pasa hoy. Recuerdo haberme quejado por tener que llevar aquella ropa, pero no me hacían caso. Alguien dirá que el malestar provocado por el cuello cisne nos enseñó algo. A mí sí: a no escoger nunca más un jersey así.

En la televisión de aquellos años aparecían algunos adultos con jersey de cuello cisne. Eran los que no querían llevar corbata. Antoni Gutiérrez Díaz, histórico dirigente del PSUC y médico, era uno de los más conspicuos militantes en el cuello cisne, cosa que al presidente Tarradellas no le gustaba. La fidelidad del Guti a esta prenda siempre me resultó un misterio porque a él, en las fotos de la transición, se le ve cómodo. Josep Pallach también lució cuello cisne como si nada. Sólo los pantalones de peto superaban el horror de los jerséis de cuello cisne. Y en versión de tejanos de tergal ya eran para morirse.

Por eso estoy seguro de que los expertos en moda vintage nos los ofrecerán el verano que viene.

Francesc-Marc Álvaro

http://www.lavanguardia.com

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