El fracaso global de la política

El fracaso global de la política

Standard & Poor’s, la agencia calificadora, ha recibido críticas: se le censura, al rebajar las notas crediticias de Estados Unidos, que haya tomado en cuenta factores políticos, a saber, la poca disposición de los partidos Demócrata y Republicano para ponerse de acuerdo y propiciar soluciones al problema de la deuda. No es asunto suyo, dicen los detractores, ocuparse de tales cuestiones: su terreno de acción es la economía y nada más.

Mientras tanto, en Europa, los mercados responden muy adversamente a la inmovilidad de unos gobernantes que no logran determinar, con la necesaria agilidad, las medidas que requieren los países de la zona para afrontar la situación provocada por la crisis griega. El contagio se extiende ya a España e Italia pero, ¿qué hacen los responsables políticos, qué medidas toman, qué respuestas ofrecen y qué soluciones concretas plantean?

A ambos lados del Atlántico parece manifestarse el mismo problema: la poca capacidad de reacción de la clase política y su reducida respuesta ante una situación que necesita decisiones rápidas, terminantes y generadoras de confianza.

Hemos convenido, en las sociedades modernas, que el mercado es una fuerza real. Le hemos impuesto normas y regulaciones, es cierto, pero hemos dejado —porque no hay otro remedio ni existe, a estas alturas, otra opción— que determine una parte muy significativa de la vida pública: los inversores deciden, sin más, el bienestar de países enteros. Esta cesión de soberanía, sin embargo, debiera acompañarse de actuaciones claras y decididas de los gobiernos para promover las condiciones económicas más propicias. Y esto no ocurre. El aparato de la política está dejando de funcionar. ¿Hasta cuándo?

Román Revueltas/mileniodiario

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