Capitán México contra Capitán América

Capitán México contra Capitán América

Los mexicanos nos hemos vuelto muy intolerantes en los últimos años, y si a esto le sumamos lo que está pasando en otras partes del mundo, tarde o temprano vamos a vivir una tragedia igual o peor que la de Noruega.

Cada vez me da más miedo vivir en este país y no es por la famosa guerra contra el crimen organizado, es por la intolerancia.

Los mexicanos nos hemos vuelto muy intolerantes en los últimos años, y si a esto le sumamos lo que está pasando en otras partes del mundo, tarde o temprano vamos a vivir una tragedia igual o peor que la de Noruega.

¿En qué me baso para decirle esto? No sólo en los grandes escándalos que a diario se reportan en la secciones de política de las principales publicaciones de nuestra nación.

¿Usted ya se fijó en las “pequeñas” cosas? Hace unos cuantos días, por ejemplo, un late showde Estados Unidos (Jimmy Kimmel Live!) presentó una parodia del corto promocional de la película Capitán América, sólo que con un “héroe” mexicano.

Se llamó “Capitán México” e inmediatamente comenzaron las reacciones en las redes sociales.

Nada más a mí, me llegaron decenas de correos electrónicos de gente frenética con este asunto, más las menciones en Twitter y Facebook.

Unos exigían un escándalo igual o superior que el de Top gear. Otros pedían una disculpa pública de la embajada de Estados Unidos.

Los de acá se sentían agredidos por el uso de nuestra bandera y sus colores. Los de allá, por la manera tan desagradable como se estaba pintando al mexicano. ¡Fue un horror!

Ya, en el colmo de la barbaridad, varias personas me cuestionaban sobre por qué ese clip no había tenido repercusión a nivel mediático.

Según ellas, lo merecía y soñaban con verlo en todos los noticieros y programas de televisión. Querían pelear.

¿Pues cómo era el tráiler de “Capitán México”? Más o menos igual que el de Capitán América, sólo que con un tipo chaparro, gordo y bigotón de protagonista.

Y mientras Capitán América lucía un uniforme con las estrellas y los colores de la bandera de Estados Unidos, el de México andaba con los colores y no sólo los motivos de la nuestra, la traía bordada en el pecho.

¿Y cómo impartía justicia tan peculiar personaje? Con un sombrerote de palma y las típicas estupideces que usted y yo nos sabemos de memoria desde los tiempos de Speedy González.

¿Estuvo mal? El clip, no. Lo que estuvo mal fue la reacción de las personas que exigían guerra por esta ocurrencia.

¿Por qué? Primero, porque era un late show donde estas cosas suceden todo el tiempo y porque estoy convencido de que los televidentes que se molestaron sólo lo hicieron por el rollo patriotero.

Si en lugar de mexicanos, los protagonistas de esa parodia hubieran sido argentinos, chinos, negros, indígenas, mujeres, homosexuales o niños de Pequeños gigantes, no hubieran dicho nada.

Se enojaron por pose, porque ahora se ve bien enojarse por estas cosas, por tener algo de qué quejarse.

Si a todos esos espectadores tanto les molesta la imagen de nuestro país, ¿por qué no se preocupan por lo que la televisión mexicana está exportando todo el tiempo, como Las lavanderasGuerra de chistesTriunfo del amor?

¿Qué esperan que piense un estadunidense promedio de nosotros después de comprobar, con sus propios ojos, que eso es lo que somos y que eso es lo que nos gusta? ¡Qué!

¿Por qué se enojan con los programas de variedades de otras naciones cuando se mofan de los mexicanos y no con la nuestras cuando se burlan de los sudafricanos, de los gallegos o de los judíos?

¿Por qué se escandalizan si les ponen a un tipo chaparro, gordo y bigotón haciendo el ridículo con los colores de la bandera y no con los tipos chaparros, gordos y bigotones que hacen exactamente lo mismo cada vez que la Selección Nacional gana algún partido?

¿De cuándo a acá nos volvimos tan exquisitos? ¿Pues no se suponía que todas estas cuestiones eran inmensos distractores sociales ordenados por una macabra entidad superior para que dejáramos de criticar al gobierno de Felipe Calderón?

¿Entonces por qué ahora somos nosotros los que las pedimos? ¿Tan adentro nos llegó esa educación o en realidad lo que nos encanta es perder el tiempo?

Yo lo único que sé es que, entre más pasa el tiempo, más fuertes se vuelven las manifestaciones de intolerancia de los habitantes de este país.

Y que si así es para las “pequeñas” cosas, no me quisiera imaginar cómo será para las grandes, como los resultados de las próximas elecciones presidenciales. ¿O usted qué opina?

Alvaro Cueva/mileniodiario

 

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