Si las gotas de lluvia, fueran de chocolate…

Si las gotas de lluvia, fueran de chocolate...

Sucedió en Monterrey. El video es sobrecogedor. Se ve a unos niños de kínder recostados en el suelo, temerosos. La maestra, que es la que está grabando todo, trata de calmarlos con voz pausada, afectuosa que, a pesar de los balazos que retumban en las cercanías, es atendida por los morritos que se miran serenos. Para distraerlos de la peligrosa situación, esta mujer impresionante consiguió que estos pequeños bajo su tutela y protección, cantaran el clásico de Barney, si las gotas de lluvia fueran de chocolate, me encantaría estar ahí.

Los niños, afortunadamente, salieron ilesos, gracias a Martha Rivera Alanís, quien hizo lo que los burócratas de la seguridad en México no han querido hacer: responder con calma, serenidad y paciencia, a través de una estrategia desprovista de histeria y gritos patrioteros. Todo siguiendo una máxima que rige la lógica de todo centro escolar, pues evita accidentes, previene tragedias y evoca al sentido común: “No corro, no grito, no empujo”.

Eso sí, el gobierno de Rodrigo Medina en Nuevo León, en contra de la paquidérmica lentitud con la que reacciona, de inmediato le dio un reconocimiento a la maestra y la llenó de elogios, no sin antes chapotear en el autoelogio por la serie de protocolos impuestos debido al embate del crimen organizado.

Sí, ¿pero no sería mejor que no hubiera matazones y que ni los niños ni las educadoras tuvieran que experimentar estas historias del México de nuestros narcorrecuerdos?

Ay, señor Medina, se vio casi tan oportunista como René Arce, el ex líder perredista que le ofreció a Eruviel El Pare de Sufrir Ávila 140 mil votos. Ya me imagino, el candidato priista no sabrá qué hacer con tanta morralla.

Digo, en vez de un diploma y una felicitación (o sea, por lo menos se merecía una Cheyenne blindada, apá), a la admirable Martha Rivera tenían que haberle ofrecido algo más importante donde pudiera poner en práctica su magnífica y admirable capacidad de respuesta en situaciones límite. No sé, el SNTE por ejemplo, donde el magisterio requiere de algo más que los regaños histriónicos de la señora Gordillo; o la SEP, ya tristemente abandonada por el señoritingo Lujambio, quien está más preocupado porque San Serafín Cordero es el favorito deJelipillo, que por el incierto destino del estudiantado sin cabeza; o, ya de plano, el puesto de García LunaProductions, donde por las capacidades demostradas, ella sería capaz de ofrecer a la ciudadanía lo que ni El equipo ha querido brindar: protección emocional.

Ya lo dijo el portentoso Samuel Beckett, cuando se tiene la mierda hasta el cuello, lo mejor es ponerse a cantar.

“Si las gotas…”

Jairo Calixto Albarrán/mileniodiario


 

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