Quisiera, pero no

Quisiera, pero no

La verdad, me gustaría escribir un texto contra el Día de las Madres, el día de la demagogia y el sentimentalismo, que vuelve mercancía y melcocha el vínculo más radical o la raíz más vinculatoria de nuestra vida.

Me gustaría borrar ese día del calendario, despoblar los restoranes de familias celebrando a su cabecita blanca y las tiendas de apresurados o devotos parientes escogiendo un regalo para el día señalado.

Me gustaría decir que nunca he celebrado realmente ese día, que he pasado por él a través de los años sintiéndolo y sabiéndolo un simulacro, una celebración mutilada, despojada de su última riqueza, que es la ambigüedad, su arcano estricto, intransferible, verdaderamente umbilical.

Me gustaría inventar una escena de diálogos entre estrategas de ventas de grandes almacenes que segmentan el mercado con todos los lugares comunes, culpas, hipocresías y sentimientos huecos de los maternos compradores, con el único fin de hacer timbrar la caja.

Quisiera diseñar una campaña de publicidad diciendo cosas como que madre sólo hay una porque nadie resistiría la existencia de dos.

Y proceder a la parodia de los discursos de amor que se pronunciarán este día en las sobremesas repitiendo exactamente, sin quitar ni poner una coma, lo que esos discursos dirán cuando sean pronunciados.

Me gustaría hacer el relato de unas madres maduras que abominan la celebración que les hacen sus hijos, pues les recuerdan su edad, ellas que no quieren sino recordar sus aventuras prematernas, la cara de hombres con los que hubieran querido tener hijos que no tuvieron.

Quisiera poder reunir en un ramillete de voces la intimidad de madres que han ejercido todos los trucos de la manipulación sobre sus hijos, con eficacia añadida sobre sus hijas, ellas, las madres que han sabido siempre, como nadie, de qué lugar cojea lo que han parido.

Quisiera poder inventar un chiste sobre las madres tan bueno como el de la madre judía que regala de cumpleaños a su hijo dos corbatas y al verlo aparecer con una, le reprocha: “No te gustó la otra. Lo sabía”.

Me gustaría hacer todo esto, pero no puedo hacerlo porque hoy es el Día de las Madres y mis lectores pueden malentender del todo mi desahogo, creer que se debe sólo a que soy un huérfano reciente, aunque incurable, pues hace seis años menos diez días murió mi madre y es la hora en que no puedo contar ni descontar su muerte.

Héctor Aguilar Camín/mileniodiario


 

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