La protesta viral

La protesta viral

No sabemos la forma que tomará en México la oleada de protesta que se ha extendido del Magreb a tantas ciudades y que acompañó las elecciones españolas.

Son oleadas de hartazgo político compartido, multiplicado por la red. Acaso su mayor rasgo común sea precisamente esa propagación viral de la que en México hemos tenido al menos dos: la campaña del voto nulo, que tuvo hasta 10 por ciento de seguidores en ciudades como Guadalajara y Puebla, y el movimiento internet necesario, que detuvo en unas horas un proyecto de impuesto para internet.

Aquí como en otras partes el movimiento fue fundamentalmente de jóvenes enlazados por la red, esa nueva ágora pública, a la vez concentrada y difusa. Mejor dicho: inabarcable y nebulosa, salvo cuando la galvaniza una causa.

No son comparables la densidad política, la fuerza moral y la asunción de riesgos de las protestas del mundo árabe, con los motivos y riesgos equivalentes de la protesta española, hija de un legítimo hartazgo social, pero en condiciones de plenos derechos democráticos.

Los árabes peleaban por sus libertades, los españoles por su bienestar.

No sabemos la forma y la causa (las causas) que tendrá en México la movilización del ágora digital. A mí no me cabe duda de que será un escenario clave en las jornadas políticas que vienen.

En particular, para dar cauce a la variante mexicana del otro rasgo común a los contagios digitales de otras partes: el rechazo a la institucionalidad política imperante, sea por sus perfiles dictatoriales, como en el mundo árabe, sea por la falta de resultados de gobiernos democráticos como el español.

La protesta mexicana tendrá más rasgos españoles que árabes y su centro previsible será el que ya es: la molestia cívica extendida contra la partidocracia, lo que se percibe como la indiferencia, y aun como el cinismo de los partidos políticos, ante las demandas ciudadanas.

La partidocracia está a tiempo de ponerse al menos parcialmente en sintonía con esta molestia larvada, en potente y exponencial ebullición

Ese camino es flexibilizar su captura del espacio de la representación política y abrir el sistema a una mayor cantidad de opciones ciudadanas para influir en la política y castigar con su voto.

Abrir, por ejemplo, el campo de las candidaturas independientes, la reelección de legisladores, la iniciativa popular.

Las tres figuras son parte del paquete de reforma política que se cocina el Congreso, salvo que en ese templo de cocineros divergentes los guisos no salen nunca a tiempo ni como los esperaba el comensal.

Héctor Aguilar Camín/mileniodiario

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